lunes 21 de enero de 2008

El edificio, que antes había sido un convento franciscano, tenía en la parte inferior una bella fuente de piedra en el centro de un amplio patio, el violento caer del agua era lo único que se atrevía a perturbar el silencio profundo que envolvía al edificio. Como si todavía conservara las máximas de “recogimiento y oración” que hacía muchos años la rigieran, la nave central, en el piso superior, guardaba un silencio que parecía eterno, únicamente alterado de vez en cuando por el sonido de una página que pasaba buscando conocer si al final el joven Julián Carax encontraría el rastro de su amada Penélope. La nave, alta y de grandes ventanales por los que penetraba una intensa luz de color amarillo que se mezclaba con el blanco mortecino de los tubos de flúor que colgaban del techo, era el único lugar donde encontraba la suficiente paz y tranquilidad para concentrarse en sus escritos.

Le resultaba curioso tener que escribir en aquel lugar, rodeado de libros ya escritos. Parecía ser una afrenta personal o siquiera una burla, de cada uno de los autores de esos libros hacía él: “nosotros, todos nosotros, ya hemos escrito nuestro libro… ¿y tú?”. Llegó incluso a sentir la sensación de estar cometiendo algún tipo de pecado mortal de atrevida vanidad: “donde descansa el legado vivo de los Valle-Inclán, Baroja, Cervantes y muchísimos más, ahí es donde yo pretendo crear mi modesta obra que no se si llegará a ser tal”.

Era la disposición aleatoria de los títulos que se ofrecían al público lo que le descargaba, en gran medida, de esa responsabilidad, del sentimiento de culpa y osadía. Con relativa frecuencia, mientras esperaba pacientemente a que “una musa” se introdujera en su pluma para escribir al menos una página, pasaba horas de silenciosas carcajadas observando esa peculiar disposición. Desde su posición y hasta donde la vista podía alcanzar encontraba “Nadar más rápido” y “Manual práctico de supervivencia” juntos en la misma estantería; en la estantería justamente superior “Teoría literaria” o “Retórica Literaria” y un poco más a la izquierda una completa “Guía del Voyeur” y un título que más de una vez se había propuesto leer, al menos en ratos de infelicidad: “Cine o Sardina”. Pero, sin duda, lo peor desde su punto de vista es que junto a estos libros, sin ningún muro de piedra y acero, ni cartel luminoso y fluorescente que los diferenciara se encontraban obras tan variopintas como “El Chamán” de Noah Gordon o “El cartero y Pablo Neruda”. Pensaba que el encargado de la disposición de aquellos libros ya había cometido un sacrilegio mayor que el suyo, uno por el que los grandes autores del pasado se revolverían en sus tumbas. Además si allí había sitio para un “Manual del Voyeur”, también debería haber, algún día, sitio para una novela seria a la que estaba dedicando tanto tiempo. Eso le animaba…

En el folio en blanco trazaba una línea transversal en la parte superior donde escribía ideas fugaces, conceptos, que le ayudarían a escribir: “el amor”, “los celos enfermizos”, “amor carnal”… Tras anotar dos o tres ideas comenzaba a escribir y tachar de manera vertiginosa sin saber bien a donde se dirigía. En ese momento una chica de aire distraído se sentó frente a él abriendo un gran libro cuyo título había podido adivinar: “Derecho Civil”. Se quedó observando a la chica y apreció como ésta resoplaba con una respiración agitada, probablemente provocada por el tramo de escaleras que había subido para acceder a la sala.

Sin saber cómo, imaginó que aquella respiración venía provocada por una larga carrera. Ella habría cerrado la puerta sin mirar, habría bajado las escaleras y habría comenzado a correr sin mirar atrás. No soportaba los gritos que su padre daba a su madre, el odio con que le profería aquellos insultos. No sabía por qué pero seguía corriendo; era una forma de escapar de aquella situación que recordaba, y se repetía, desde siempre. No pudo imaginarla sin dejar de correr. Seguía corriendo sintiendo el aire frío en la cara, pensando que no habría en el mundo una sensación tan parecida a la libertad como aquella y pensando, también, si su madre alguna vez habría hecho aquello, si habría corrido para huir de su marido: probablemente no lo hiciera por culpa de ella y de sus dos hermanos, a los que su madre nunca habría abandonado.

La luz amarilla que entraba por los ventanales de la gran sala se orientaba ahora directamente hacia el lugar donde él estaba sentado. El folio en blanco, impoluto, reflejaba la luz de modo muy tenue y al mirarlo pudo ver como la chica, que seguía frente a él preparando un posible examen, detenía su carrera en seco al llegar a un parque que muchas veces había visto pero en el que jamás había estado. Estaba agotada. Casi sin pensar se dejó caer sobre un tupido manto de césped junto a unos columpios y comenzó a llorar. Él apareció tras los columpios, se tumbó junto a ella y le dijo:
-Lo sé todo, se lo que te pasa. No temas, no me conoces pero como te digo lo sé todo; yo, vengo de otro lugar y sé que al final todo se arreglará. Tu madre es fuerte, puedes confiar en mí- Ella lo abrazó y siguió llorando sin consuelo.

-Se… Señor perdone que le interrumpa: dentro de diez minutos cerramos- Dijo un señor mayor con el pelo blanco y una voz grave que retumbaba en el recinto. Levantó la cabeza y vio partir a la chica con su libro bajo el brazo. Tras recoger todos sus apuntes y notas salió de la sala bajando hasta el patio donde se alzaba, alborotadora y ruidosa, la fuente y partió hacia su casa. Al llegar pensó que debía escribir una novela sobre algún tema relacionado con los malos tratos y que empezaría esa misma tarde.

10 comentarios:

Rivas dijo...

Me encanta el ambiente levemente onírico que le metes a tus escritos.

esther dijo...

escribes bastante bien Pablo, me encanta! Y tus relatos me gustan mucho. Tienes razón, deberías lanzarte a por una novela, si te atreves a dar el salto, adelante, compañero, porque, te lo digo en serio, eres bueno, y yo de palabras escritas entiendo un rato, eh?

Rosa Aguilar dijo...

Entonces definitivamente podemos empezar a esperar tu novela sobre malos tratos o simplemente es una hipótesis dentro de tu historia?? por cierto, me vuelve a encantar, jaja, me imaginaba la biblioteca de la facultad junto al caos de la bibliteca de mi pueblo en la k he estado currando jaja...
un besazo pablo

P.S.R. dijo...

Hola Rosa,
Es solo ficción... jejeje! nada de novela y menos sobre malos tratos!En realidad he publicado este post porque me resulta curioso como él tiene en la mente una historia en la cual se llega a imaginar dentro, implicado en ella, abrazando y consolando a la chica. Alguna vez me ha pasado a mi. Pero en fin a mi me gusta que las interpretaciones las haga cada uno... Pero de novelas nada!!!
En cuanto a lo de la bibioteca... Bebe mucho este relato de la biblioteca de Antequera, quién ha estado y la conoce sabe lo que digo. Un saludo Rosa!

Anónimo dijo...

no conozco esa biblioteca pero has sido capaz de que me la imagine...me ha encantado.
eres un pekeño genio!

Ppppdo dijo...

Vale, Pablito, eres grande. Sigue así porque a este mundo le falta gente que piense por sí misma.

piterino dijo...

La verdad es que es de lo más curioso dónde y cómo reciben la inspiración muchos artistas. Una biblioteca es un lugar común de sabiduría y los genios están para admirarlos más que para aprender. Por eso creo que nadie debe acomplejarse por el talento ajeno.

Me ha encantado el blog, he estado leyendo los últimos relatos y me uno a las felicitaciones: entran ganas de leer más y eso siempre es buena señal.

Un saludo!

Teché dijo...

Me ha gustado mucho este relato. Además me he sentido un poco identificada con el mismo(no con la chica sino más bien con el chico). La verdad es que cuando voy a la biblio a estudiar y se me sienta en frente alguna persona que no conozco, me pongo a imaginar historias...no sé, es algo que me pasa muchas veces(también en el autobús o en el metro)!!!Pero yo sólo puedo imaginarlas, sería incapaz de contarlas o escribirlas!!
Para los que conocemos la biblioteca de Antequera resulta muy fácil identificarla con una descripción tan acertada. Me ha gustado mucho, de verdad.

Anónimo dijo...

es la primera vez que leo tus relatos,me he quedado con la boca abierta ,los he leido todos seguidos y me he quedado con ganas de leer mas.Jamas hubiera imaginado todo esto de ti ,las apariencias engañan! creo que muchos nos sentimos identificados con las cosas que escribes ,pensamos,sentimos cosas que no sabemos plasmar como tu.Por favor no dejes de escribir.

Pablo Sorzano Ruiz dijo...

Hola anónimo...

Muchisimas gracias por tus palabras. De verdad me hace mucha ilusión saber que a alguien pueda gustarle esto que escribo. Además como tu bien dices son cosas que siento y pienso... Ahora solo me falta saber quien eres! jejeje! Un saludo y muchísimas gracias