Al llegar al apartamento aquella tarde se sentó buscando una explicación a una pregunta aún sin formular. Una sensación de desazón, como si de una duda constante que no se resuelve se tratara, se había apoderado de él desde hacía unos días sin ninguna causa aparente y le provocaba un desconcierto que primero, atribuyó al cansancio tras los días de fiesta y, posteriormente, a la falta de nicotina debido a su recién estrenado "nuevo propósito" de dejar de fumar. Volvió a fumar, y había descansado lo suficiente... era algo más profundo.
Como cada tarde encendió la televisión, no tanto por encontrar algo interesante que le entretuviese y calmase esa desazón, pues ya hacía años que la televisión era como uno de esos compañeros de trabajo a los que había aprendido a mirar, atender, escuchar y hablar utilizando el mínimo esfuerzo; sino más bien para que ésta (la televisión) lo acompañara en sus horas de transición hasta el momento de acostarse, que no era más que el anuncio de un nuevo día. Pero esa tarde ocurrió algo.
Durante el telediario una noticia llamó su atención: la editorial Planeta de Agostini publicaba una colección dedicada al escritor brasileño Paulo Coelho que se abría con una de sus obras maestras más conocidas: "El Alquimista". En aquel momento la desazón se hizo mayor. Aquel instante le pareció haberlo vivido ya, uno de esos déjà vu pensó, y como golpeado por un zarpazo seco y contundente de la memoria recordó a Adriana, su novia de tantos años que dejó en el pueblo antes de marchar a la capital en busca de un futuro próspero. Ella le había regalado aquel libro en su último cumpleaños, poco antes de que él marchara.
Pasó más de dos horas buscando el libro por el minúsculo apartamento sin obtener resultados. De pronto, cuando estaba apunto de desistir, sin saber muy bien por qué, miró bajo la cama y encontró una pequeña caja que debía estar allí desde la mudanza y que, probablemente por falta de sitio o de tiempo, no había abierto. La abrió y encontró multitud de fotos: con sus amigos en el río, con Adriana en la cafetería a la que a ambos les gustaba ir, y una foto grande y a color de su madre. Entre multitud de recuerdos encontró por fin "El Alquimista". Ojeó el libro como si de un tesoro encontrado de improviso se tratase. La desazón se había tornado nerviosismo. Encontró una dedicatoria en la página inicial en la que rezaba "Para siempre" y que firmaba Adriana.
"Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras, que muestra aquello que los ojos no pueden ver". Esas tres líneas aparecían en la contraportada del libro y estaban subrayadas (a ciencia cierta por Adriana) con un bolígrafo rojo. Comprendió entonces que todo lo que había pasado ese día era una de esas señales de las que hablaba Coelho. Comprendió que había estado, durante años, haciendo lo "conveniente", lo que debía hacer, lo "mejor para él", basando por completo su existencia a lo racional, a lo que era más cabal. Eso le había llevado a aquella gran capital, donde el ruido y la prisa eran dueñas de la vida de las personas, donde charlar con un desconocido era una pérdida de tiempo e incluso una temeridad.
Comprendió por fin que debía marchar de nuevo al pueblo que le vio nacer, buscaría una casa cerca de su madre y trataría de encontrar a Adriana para compartir el resto de su vida con ella. Ella había comprendido todo eso mucho antes que él y seguro que estaría esperándolo. Volvió a abrir el libro al azar y encontró el siguiente pasaje:
-Maktub- dijo finalmente el Mercader
-¿Qué significa eso?
-Tendrías que haber nacido árabe para entenderlo-repuso él-. Pero la traducción sería algo así como "está escrito".
Maktub pensó también él mientras se sentaba en el borde de la cama tratando de descansar tras todas esas emociones. "Todo esto estaba escrito, tenía que pasar, tenía que darme cuenta". Eran las dos de la mañana; se aflojó el nudo de la corbata, comió algo de fiambre que había en el frigorífico y se acostó.
A la mañana siguiente como cada día se levanto a las seis y media para ir a trabajar. Se duchó y salió deprisa sin tiempo para desayunar. Sentado en el metro, bastante más calmada la excitación de la noche anterior, pensó: "Hoy cuando termine de trabajar hablaré con Jesús, le diré que tengo que marcharme... Quizás sea algo precipitado y no puedan cubrir mi baja, esperaré mejor unos días... O quizás mejor será esperar hasta verano, entonces seguro que mi trabajo está terminado; así lo haré".
(para P. A.)
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8 comentarios:
No creo en el destino. Creo en las elecciones que cada uno hacemos, y en las casualidades que producen estas elecciones, y que hacen que conozcamos a tal y cual, o que no lleguemos nunca a hacerlo. no creo que todo esté escrito, pues entonces no existiría el libre albedrío. Prefiero pensar que cada uno es dueño de su existencia en la medida de lo posible.
Y respecto a Paulo Coelho...no me gusta. Reconozco que sólo he leído El Alquimista, y que no me gusta ese tipo de pseudofilosofía lírica y onírica. Literariamente no está mal, pero el trasfondo me repatea un poco.
Por lo demás, te reitero mi enhorabuena. Escribes muy bien, Pablito, este blog ha sido una agradabilisima sorpresa.
Yo si creo en el destino. Creo que hay personas que están hechas para estar juntas: Si esa persona es para ti y tú eres para ella, a pesar de todo lo que pase, al final estaréis juntos.
Quizá me equivoque, pero prefiero pensarlo así, la vida es más hermosa de esta manera, con la esperanza de que hay segundas oportunidades, y reencuentros.
Y qué, mi teoría también permite las segunas oportunidades y las reconciliaciones. ¿Es más hermoso? En todo caso te permite liberarte en parte de la responsabilidad de tus actos, al achacarlo al destino. No sé, me parece un subterfugio para no afrontar la realidad.
Hola Rivas, no pretendo rebatir tu argumento y quizás me equivoco entrando aquí, sitio que no es para mí sino para vosotros que leeis y teneis vuestra opinión de la que yo también aprendo. Pero solo decirte que si te estas centrando en la literatura o ideología de Coelho te entiendo. Pero Coelho no habla de un destino escrito e irrevocable; habla de un destino que se escribe para aquel que desea algo con fuerza y que puede conseguirlo, por supuesto eligiendo libremente y asumiendo los "errores" de elección. Coelho propone elegir con el corazón de manera que habrá fallos, pero ese destino último que está escrito se logrará si se atiende al corazón. Un saludo y gracias por leerme y rebatirme.
La verdad es que el relato compagina muy bien la llamada del corazón (sentimientos, aquí: ¿llamada del destino?) con la falta de voluntad (repetida: 1º en forma de caja escondida y después en postergación frente al trabajo). Y cierto: la libertad tiene mucho que ver con nuestro futuro y nuestro pasado.
Pero para mí el destino (el maktub, el sino, el fatum,...) es algo que nada tiene que ver con nuestra libertad.
En el hombre hay algo que está por encima de su libertad; una historia escrita de antemano que guiará sus pasos.
No es incompatible con su libertad; es el escenario en el que ésta se debatirá.
Sé que es complejo compaginar esto, por eso sigo pensando en ello.
En primer lugar, Pablo, claro que este es tu sitio, y de hecho debes entrar y entrar en nuestros debates o comentarios. Esa es la esencia de que se pueda comentar un blog.
Y respecto al tema que nos ocupa... en todo caso el destino del que hablas no es al que yo me refiero. El destino del que yo hablo es una fuerza, un orden ya impuesto que está por encima de nosotros y de nuestras elecciones. Eso es lo que yo niego. Pero tú dices que Coelho habla de un destino que conseguiremos si luchamos y lo queremos con la suficiente fuerza y perseverancia. Eso no lo entiendo yo como Destino, sino como el devenir de tu vida, la meta de tu vida, el destino al que te diriges. Entiendo ese destino como finalidad, la dirección hacia la que estás encaminado.Con ello sí estoy de acuerdo, porque esas elecciones que se toman es el camino que andas hacia tu finalidad. Y sin embargo, con la segunda parte de la explicación que das, no estoy de acuerdo. Porque no creo en ese Maktub.
Siento no argumentar, ni escribirte una parrafada...solamente decirte que de nuevo me ha vuelto a encantar tu relato.
Creo en el destino.....
No se si el destino cree en los demás y deja al azar lo que tenga que ocurrir
Lo que tengo claro es que las elecciones tomadas con el corazón son las más justas y sinceras, por muchos errores que ellos conlleve.Pero todos esos errores al final te dirigen a una felicidad plena, felicidad sin raciocinio,simplemente sincera........de corazón...
Me gusta como escribes
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