domingo 7 de septiembre de 2008

Esperanza

Una tarde, volví a percibir una fragancia después de años en los que lejos de estar atrofiados, mis sentidos habían perdido el interés por la vida esperando melancólicamente que un recuerdo los devolviera al mundo real. Era un olor dulce y atractivo que reconocí al momento. Giré bruscamente la cabeza y la observé acercarse a mí. Mis pupilas se encogieron, después de años sin percibir la luz y el brillo, al verla iluminada por un rojizo rayo del sol que, a punto de extinguirse, se colaba por la calle desde el parque y dibujaba su silueta delgada y esbelta como siempre lo había sido. Su pelo moreno y su tez pálida y tersa seguían componiendo una mujer bella a la que tres años de dolor y angustia no habían conseguido marchitar… Habían pasado tres años y me pareció la misma mujer, aquella que nunca fui capaz de describir en una de mis frustradas novelas, la misma que yo había dejado marchar con la resignación de que el destino me depararía, incluso sin ella, gloria y fortuna… ¡No había cambiado!

-¡Cuanto tiempo! ¿cómo estas?- dijo sin perder la sonrisa en ningún momento; aquella sonrisa fácil, capaz de llenar de vida el alma de cualquier ser humano.
-Bi... Bien, ¿y tu?- respondí casi petrificado por el miedo a los reproches tras años sin hablar con ella y, sobre todo, por el miedo a lo desconocido: a no saber si habría rehecho su vida o si sería para ella un conocido más.
-Muy bien- sentí un enorme peso en el pecho al oír aquellas dos palabras -Vengo a una entrevista de trabajo, es en una clínica muy cerca de aquí y voy tarde... Nos veremos ¿de acuerdo? ¡Ahora tengo que irme!- su sonrisa se hizo aún más grande y se marcho deprisa con un aire despistado que tampoco había perdido.
-Sí, por supuesto- contesté en voz alta para que me oyera al marchar.

Quise decir millones de cosas, millones de palabras que expresaban sentimientos, dudas y remordimientos que guardaba desde hacía mucho tiempo y que quedaron dentro quizás empujadas por tantos años de silencio y por el miedo a volver a hacer daño a alguien que no lo merecía.

Al volver a casa era casi de noche; el olor del jazmín que mi madre había dejado plantado antes de marcharse aquel verano me recibió y después de mucho tiempo pude disfrutar aquel aroma que me devolvió a la vida de un golpe... Entonces comencé a llorar. Me desnudé y me metí bajo de la ducha: después de mucho tiempo sentía el agua fría helando mi sangre, y podía oler el perfume del jabón... Comí como hacía tres años que no lo hacía y disfruté cada bocado: dulce, salado, ácido, amargo... ¡Los sabores habían vuelto! Me acosté con la sonrisa de un niño pequeño que duerme sin preocupaciones y pensé que mi mundo dejaba de estar vacío... Ella había vuelto para perdonarme y hacer el mundo distinto cada día... Nada sería igual ahora: colores, brillos, luces, sombras, música, sonidos, sabores increibles, sensaciones, frío, calor...

Al salir de casa la mañana siguiente reconocí que nada había cambiado: en la gran avenida, que desembocaba en la Catedral inacabada, los tilos, todos alineados con una marcialidad castrense, carecían de pigmento: pese a ser otoño los colores canela y tierra de sus hojas eran una ilusión y el gris uniforme los teñía por completo. Los coches y el estruendo de la ciduad no eran más que un leve murmuro para mí y las biznagas, que ofrecían las alegres gitanas en mi camino hacia la oficina, olían a todo y nada pues carecían de olor. Entré en la oficina convencido de que el sueño no era más que eso: un sueño. Comencé el trabajo generando la necesaria ilusión, tanto como el alimento lo es para subsistir, de que algún día el sueño se haría realidad.

5 comentarios:

Rivas dijo...

Francamente bueno. Me gusta como utilizas el simbolismo. Sigue así, Pablito.

Anónimo dijo...

Me alegra ver que has vuelto a escribir.

Pablo Sorzano Ruiz dijo...

Buenas noches,
rivas es un placer leer siempre cosas tan buenas por tu parte... anima mucho! Gracias y que sepas que ya te he nombrado mi primera crítica literaria...

Anónimo no sé si es una vuelta o si es solo un momento en que necesitaba plasmar aquí esta historia. No obstante muchas gracias.

Anónimo dijo...

Los sueños son depuraciones del cerebro manipulados por el subconsciente.En algún momento de la vida fueron regidos por el sentido común y emocionalmente por la persona.
Es bueno pensar que se puede hacer real

Anónimo dijo...

"Somos del mismo material del que se tejen los sueños".... diría tu gran admirado Coelho.Estoy de acuerdo con él, pero ese material es frágil,hay que cuidarlo y desearlo al igual que los sueños, porque en cualquier momento puede desvanecerse....
Buen relato y mejores críticas por lo que he leido...
Enhorabuena