Quizás soñé que jugaba al fútbol en un largo pasillo, de una casa inmensa y en uno de mis chuts rompía una pieza de cristal muy apreciado por una mujer muy querida. Después creí soñar con un hombre que me resultaba familiar y que caminaba dándome la espalda… No caminaba deprisa pero yo no podía alcanzarlo y por más que gritaba no conseguía que me oyera. Soñé que, ya de mayor, me matriculaba para realizar unos estudios que no me gustaban pues siempre quise ser un gran novelista. Leí en las noticias que hallaron cerca de un río el cadáver del novelista que no fui. Soñé que una mujer, a la que amaba profundamente, se marchaba de mi habitación llorando y yo me quedaba inmovilizado mirando como cerraba la puerta. Soñé que esa puerta se había quedado entreabierta.
Al despertar me encontré recostado en una mesa de trabajo delante de un ordenador portátil; estaba solo: nadie me observaba, nadie había para decirme “tranquilo, ha sido un sueño”. ¿Cuantas horas llevaba sin dormir? ¿Se habría acabado mi insomnio?
2 comentarios:
Es tan poco lo que separa la realidad de la ficción en los sueños que a veces da miedo. Lo bueno de soñar es que a veces los sueños malos se olvidan cuando te despiertas, pero ¡qué malo es perder uno bueno!.
Un saludo desde muy lejos.
Los sueños no dejan de ser sueños, pero la mayoría de ellos tienen parte de realidad, o de realidad ficticia que es la que nos gusta a todos....simplemente es una vía de desahogo que por diferentes motivos no podemos contarlo abiertamente y de algún modo nos consuela,no creo que haya sueños malos, no malo es no soñar
Publicar un comentario en la entrada