lunes 27 de octubre de 2008

Y no sé si por el afán de convertirme en dominador de la ficción de mi vida o por mis ínfulas de frustrado novelista me reconocí como el creador absoluto de la historia de mi vida... Y como un mal novelista que fui, he sido y seré, creé personajes innecesarios y vacíos que no aportaban sentido ni ritmo a la verdadera trama pero que me ayudaban a sentirme el Creador. Algo sin duda detestable y a lo que todavía hoy no encuentro explicación salvo la de pensar que le ocurre a los pésimos novelistas cuando confunden realidad y ficción.

Y una mañana, al despertar, me dí cuenta que me había convertido en personaje secundario y que mi vida la escribía otro. Quise reconocerlo pero no pude y me vi envuelto en una trama de angustia, dolor y decepción en la que, a pesar de mis esfuerzos por desligarme de aquel papel, nada podía hacer pues no era yo el que poseía la pluma. Una pluma que perdí al no reconocer cual era la trama importante en el conjunto de historias de muy diverso tipo que componen una verdadera novela.

martes 21 de octubre de 2008

Miedo

Me acosté en el lecho de la duda y permanecí con los ojos cerrados esperando la vuelta a la cordura provocada por la llamada del despertador. Vagué sin rumbo fijo por el farragoso territorio de las ideas, el remordimiento, la culpa, las pesadillas, el recuerdo, el miedo... El miedo a no volver a verte nunca más, a que me olvidaras, a que me sustituyeras por alguien más alto o más guapo, más como tú, más justo... Deseé cien veces, como un niño atemorizado por el "hombre del saco", que fuera de día pero ya era de día; y pese a que la luz había devuelto a las cosas sus formas habituales el miedo permanecía porque no era miedo a la oscuridad sino al olvido. Ese miedo permanece todavía intacto.

(I.A.)