miércoles 5 de noviembre de 2008

Me despido...

Llevo ya algunos post escritos, muchos sentimientos, ideas, sensaciones, expresadas en este blog que nació como una herramienta para exteriorizar y tratar de comprender con mis palabras, y también con las vuestras, aquello que me rodea o está dentro de mí y no soy capaz de comprender. A pesar de todo ello me enfrento a mi último post y no sé como hacerlo: no sé como empezar, que decir y, por supuesto aquello que siempre me atormentó, no sé poner un fin decente a las cosas.

Una vez leí en un blog de alguien que no conozco algo así como que la vida de las personas son como los edificios del centro histórico de una ciudad. Algunos están nuevos y relucientes, otros recién reformados, otros son edificios antiguos que se van cayendo poco a poco para que, posteriormente, sean levantados y otros están en ruinas esperando una reforma que no llega. Mi edificio está en ruinas: se fué deteriorando poco a poco y hoy es prácticamente un solar. En ese solar no caben las palabras ni las ilusiones pues un golpe de aire o la lluvia se las llevarían a cualquier otro lugar en que sí pudieran resguardarse.

Quiero agradecer a todos los que habeis pasado alguna vez por aquí. A los que habeis dejado alguna vez un comentario (anónimo o no) y a los que me habeis hecho saber vuestras opiniones de cualquier otra forma. Para mí eso siempre supondrá una alegría y un orgullo. Asiduos o no, habeis logrado formar una parte importante de mí porque todo lo que soy está aquí y también todo lo que quisiera ser. Sólo espero que algun día este edficio tenga paredes y ventanas y las palabras puedan volver a resguardarse en él y así con ellas yo pueda resguardarme en este rincón mío. A mi favor tengo el defecto de que nunca supe concluir las cosas como es debido y me voy con la sensación de que éste no es el final que debiera ser. Gracias a todos.

lunes 3 de noviembre de 2008

Espejos

¡Ese no soy yo! ¡No lo soy! De acuerdo, esa imagen la reconozco: es mi propia imagen, la imagen de Pablo S., sin embargo ese no soy yo… Esa una falsa copia de mí. ¿Quién dijo que el espejo nos muestra tal y cómo somos? El espejo sólo nos muestra una imagen: el resto es pura mentira.

Esos ojos, vacíos y tristes, oscuros y ojerosos, no son los míos, que observaron tan bellos paisajes, que miraron sinceros a otros ojos para hablarles sin pronunciar palabra, que lloraron desconsolados cuando tú me dejaste. Esa boca torcida e inerte no es la mía, que hace tiempo besó y besó de verdad habiendo amado a pesar de las mentiras que ella misma pronunciaba. No es la misma boca que supo decir palabras de consuelo o con las que hacer reír a carcajadas. Y esas garras… ¡No son las mías! No son mis manos que pusieron epílogo a un abrazo y acariciaron, que recorrieron tu cuerpo memorizándolo sin necesidad de mirarlo.

Además estoy hinchado, tengo arrugas y mucho menos pelo… Como, hace algunos años, escribió el maestro uruguayo: “La estampa del espejo es lo que no quise ser: un fantoche gastado que (cada día) convoca a la muerte. Por esos falsos ojos circulan escombros de deseos, que ya ni siquiera puedo vislumbrar y menos aún recordar”. ¿Soy el yo del espejo? ¿O acaso el yo de la vida real (material)? ¿O quizás el de las palabras, capaz de comprender las dos versiones de mí y, por tanto el yo más consciente y real? No se quién soy y este burdo mentiroso no me ayuda, pero mirándome al espejo sé lo que perdí.
(I.A.)