Llevo ya algunos post escritos, muchos sentimientos, ideas, sensaciones, expresadas en este blog que nació como una herramienta para exteriorizar y tratar de comprender con mis palabras, y también con las vuestras, aquello que me rodea o está dentro de mí y no soy capaz de comprender. A pesar de todo ello me enfrento a mi último post y no sé como hacerlo: no sé como empezar, que decir y, por supuesto aquello que siempre me atormentó, no sé poner un fin decente a las cosas.
Una vez leí en un blog de alguien que no conozco algo así como que la vida de las personas son como los edificios del centro histórico de una ciudad. Algunos están nuevos y relucientes, otros recién reformados, otros son edificios antiguos que se van cayendo poco a poco para que, posteriormente, sean levantados y otros están en ruinas esperando una reforma que no llega. Mi edificio está en ruinas: se fué deteriorando poco a poco y hoy es prácticamente un solar. En ese solar no caben las palabras ni las ilusiones pues un golpe de aire o la lluvia se las llevarían a cualquier otro lugar en que sí pudieran resguardarse.
Quiero agradecer a todos los que habeis pasado alguna vez por aquí. A los que habeis dejado alguna vez un comentario (anónimo o no) y a los que me habeis hecho saber vuestras opiniones de cualquier otra forma. Para mí eso siempre supondrá una alegría y un orgullo. Asiduos o no, habeis logrado formar una parte importante de mí porque todo lo que soy está aquí y también todo lo que quisiera ser. Sólo espero que algun día este edficio tenga paredes y ventanas y las palabras puedan volver a resguardarse en él y así con ellas yo pueda resguardarme en este rincón mío. A mi favor tengo el defecto de que nunca supe concluir las cosas como es debido y me voy con la sensación de que éste no es el final que debiera ser. Gracias a todos.