lunes 27 de abril de 2009

De la vida y su farsa...

Cada tarde después del trabajo caminaba hacia su casa de espaldas a la gran plaza mientras observaba como la noche extendía lentamente sobre el cielo su manto oscuro estampado de blancas luces brillantes. La noche inclinaba su telón poniendo epílogo a un nuevo día de farsa. Podía, entonces, despojarse del disfraz de mentira con el que se mostraba ante el mundo, abandonar los diálogos escritos para su boca y relajar la pose de hombre íntegro y triunfador que su papel vital le obligaba a adoptar. Sin toda aquella farsa que rodeaba el confuso teatro de su vida, aquel hombre, vulgar y vacío, era libre. Cada atardecer tenía un olor único y especial que era, además, siempre el mismo y que debía ser el mismo olor que desprendiera la libertad.

A pesar de contar aún pocos años, aquel actor del mundo real se sentía viejo: la nostalgia y los recuerdos eran su presente y su futuro. Había aprendido a retener los olores para recordar los pocos momentos de su vida en que su vacío no lo era tanto. Por eso conservaba el perfume de aquella mujer con el que rociaba su cama cada noche antes de acostarse: aquello le permitía soñar que a pesar del tiempo se reencontraban y se abrazaban apretándose muy fuerte.

Soñó que un gran parque, repleto de palmeras y gigantescos árboles a través de los cuales penetraban intensos rayos de sol cálido y amable, era el escenario donde se encontraba con aquella mujer morena de piel pálida que tras mirarlo fijamente lo abrazaba llenando de calor un helado vacío que durante años había sido el centro gravitatorio de su pequeño universo. Los nervios de aquel momento le hicieron despertar de un sobresalto y a su alrededor la oscuridad y un montón de sábanas enredadas en su cuerpo solitario le provocaron una terrible sensación de profunda soledad. Prefirió seguir durmiendo, seguir soñando…

Por fin aceptó su papel y lo desempeñó cada vez con mayor maestría. Pero aquel actor siguió soñando; porque la felicidad no es más que un sueño que se alcanza durmiendo: cuando el cuerpo y la mente no interpretan un papel y cada uno se convierte en actor de su propia historia, la que le gustaría vivir, la que sale de uno mismo. ¡Que sencillo si, como dijo el reconocido escritor portugués, la vida estuviese cosida con el hilo con el que se tejen los sueños!

2 comentarios:

SPaiN dijo...

Qué sencillo, Pablito!! Pero así se saborean muchísimo mejor los sueños cumplidos.

Rosa Aguilar dijo...

Que bonito! y que sabías palabras sí, que sencillo, que feliz es uno en los sueños, y como dice SPAIN, que gran satisfacción y "felicidad" cuando se cumplen.

Un besazo Pablo, espero el próximo...