<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474</atom:id><lastBuildDate>Fri, 18 Dec 2009 00:04:45 +0000</lastBuildDate><title>Con mis palabras...</title><description>Es la palabra el único instrumento del que dispongo para comprender el mundo, y a veces ni si quiera me sirve...</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>24</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-5602098205117032132</guid><pubDate>Sun, 03 May 2009 20:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-03T22:25:11.423+02:00</atom:updated><title>Locura...</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Sentado en el rincón opuesto al que la luz, que penetraba atravesando un minúsculo ventanuco, calentaba e iluminaba convirtiéndolo en un recodo de vida dentro de aquella fría habitación, el loco recostó la cabeza sobre la pared, acolchada de blanco hasta el techo, y cerró los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soñó entonces que tras ponerse de pie un celador abría la puerta de su habitación. Soñó que caminaba hasta el final del pasillo en una habitación en la que lo esperaba el médico jefe. Tras mantener con él una entretenida y breve charla, éste firmaba y sellaba su alta médica y lo dejaba marchar. El loco, con los ojos aún cerrados y la cabeza todavía recostada, soñó que recogía sus pertenencias, se vestía con la misma ropa con la que ingresó y por fin salía al exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soñó que pese a todos los años de intensa medicación, que mermaba su capacidad física y mental reduciéndola a la mínima actividad, al contacto con la realidad sus músculos retomaban el vigor de su juventud y su mente la lucidez de sus mejores años. Soñó el loco que se descalzaba para caminar por la fresca hierba húmeda y en su sueño notó de verdad aquella sensación. Soñó con el cielo azul y las nubes blancas, con distintas flores de intensos colores que se levantaban delicadas entre la hierba. Soñó con un inmenso y escandaloso silencio que atronaba sus tímpanos tras años de gritos y desvaríos en aquel recinto; un silencio que únicamente era interrumpido por el silbido de una brisa oceánica que traía a sus labios la sal de un mar muy próximo. Soñó entonces que a pesar de estar a cientos de kilómetros podía percibir el olor de la mujer por la que había perdido el juicio años atrás y también oír sus pasos y el timbre de su dulce voz. Soñó entonces que rápidamente se calzaba y se disponía a correr hacia aquel lugar para pedirle perdón, para recuperarla y contarle, echado en su regazo, los horrores por los que había pasado. Soñó que en su camino no existía el sueño, el cansancio ni la fatiga y ¡por fin la encontraba! Al abrir los ojos la luz había acabado su travesía por el ventanuco y todos los rincones de la habitación eran igual de oscuros como en el que se encontraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El loco optó por dejar de soñar, cansado de que sus viajes en busca de aquella mujer concluyeran siempre en una oscura habitación acolchada hasta el techo. Poco tiempo después recibió el alta médica y se encontró a sí mismo vestido con la misma ropa con la que ingresó y con que, en otro tiempo había soñado, frente a la puerta del recinto. Al salir la hierba estaba seca, el cielo oscuro y tintado por una mancha de polución y contaminación que hacía el aire denso e irrespirable y convertía la atmósfera en una nube grisácea y casi venenosa imposible de soportar. El ruido de los coches proveniente de una carretera cercana e incluso los propios ruidos del recinto, que permeaban su paredes hacia el exterior, no eran el silencio con el que había soñado. En aquel momento, el cuerdo, se encontró desorientado y no pudo reconocer las señales vitales de aquella mujer que le calmaría en su regazo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerdo pensó entonces que había que estar loco para vivir en un mundo así y deseó volver a su habitación del manicomio para recuperar sus sueños, aquellos que cada día le llevaban al regazo de su mujer perdida, a la lucidez de sus mejores años y al disfrute de un mundo único.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-5602098205117032132?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2009/05/locura.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-3621375893146654050</guid><pubDate>Mon, 27 Apr 2009 09:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-27T11:38:36.963+02:00</atom:updated><title>De la vida y su farsa...</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Cada tarde después del trabajo caminaba hacia su casa de espaldas a la gran plaza mientras observaba como la noche extendía lentamente sobre el cielo su manto oscuro estampado de blancas luces brillantes. La noche inclinaba su telón poniendo epílogo a un nuevo día de farsa. Podía, entonces, despojarse del disfraz de mentira con el que se mostraba ante el mundo, abandonar los diálogos escritos para su boca y relajar la pose de hombre íntegro y triunfador que su papel vital le obligaba a adoptar. Sin toda aquella farsa que rodeaba el confuso teatro de su vida, aquel hombre, vulgar y vacío, era libre. Cada atardecer tenía un olor único y especial que era, además, siempre el mismo y que debía ser el mismo olor que desprendiera la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de contar aún pocos años, aquel actor del mundo real se sentía viejo: la nostalgia y los recuerdos eran su presente y su futuro. Había aprendido a retener los olores para recordar los pocos momentos de su vida en que su vacío no lo era tanto. Por eso conservaba el perfume de aquella mujer con el que rociaba su cama cada noche antes de acostarse: aquello le permitía soñar que a pesar del tiempo se reencontraban y se abrazaban apretándose muy fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soñó que un gran parque, repleto de palmeras y gigantescos árboles a través de los cuales penetraban intensos rayos de sol cálido y amable, era el escenario donde se encontraba con aquella mujer morena de piel pálida que tras mirarlo fijamente lo abrazaba llenando de calor un helado vacío que durante años había sido el centro gravitatorio de su pequeño universo. Los nervios de aquel momento le hicieron despertar de un sobresalto y a su alrededor la oscuridad y un montón de sábanas enredadas en su cuerpo solitario le provocaron una terrible sensación de profunda soledad. Prefirió seguir durmiendo, seguir soñando…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin aceptó su papel y lo desempeñó cada vez con mayor maestría. Pero aquel actor siguió soñando; porque la felicidad no es más que un sueño que se alcanza durmiendo: cuando el cuerpo y la mente no interpretan un papel y cada uno se convierte en actor de su propia historia, la que le gustaría vivir, la que sale de uno mismo. ¡Que sencillo si, como dijo el reconocido escritor portugués, la vida estuviese cosida con el hilo con el que se tejen los sueños!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-3621375893146654050?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2009/04/de-la-vida-y-su-farsa.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-7967098212374846650</guid><pubDate>Mon, 20 Apr 2009 11:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-20T13:07:43.795+02:00</atom:updated><title>El aprendiz</title><description>&lt;div align="justify"&gt;El viejo, alto y huesudo, de nariz aguileña y oscuras ojeras que se derramaban hasta el comienzo de una larga y poblada barba blanca, viajaba en el asiento delantero desde el que dirigía el inmenso carruaje de madera que le servía como vivienda y a la vez como escenario desde el que realizar sus funciones nocturnas. De la parte posterior del vehículo colgaban dos grandes cortinas negras de terciopelo que tapaban la madera gastada y sucia del carruaje y que servían como telón de fondo para realizar sus actuaciones. En las cornisas superiores, dos enormes faroles de aceite remataban el escenario ficticio en el que, cada noche de verano, sorprendía a propios y extraños con sus trucos de magia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ponerse el último rayo de sol comenzaba un ritual que se había convertido en una costumbre infranqueable: tras ataviarse con un viejo frac con pajarita y chistera que, en otros tiempos, debía haber sido muy elegante e incluso caro, se dirigía a la parte delantera del carruaje, desde donde dirigía a su anciana “Lola”, compañera inseparable y encargada de llevar a cada pueblo el peso del aquel gigantesco vehículo. Sentado en el asiento delantero bebía de un trago un vaso de vino y pasaba algunos minutos mirando a las estrellas; al terminar se dirigía a la parte posterior, prendía llama en los dos faroles y encendía un pequeño gramófono cuya música servía de reclamo para las gentes del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ancianos, jóvenes, niños, hombres y mujeres se contagiaban de una sonrisa amplia y sincera que llegaba directa a los ojos de los espectadores. Tras extraer dos palomas de su larga chistera, mostraba a los presentes como era capaz de adivinar la carta que un voluntario, al azar, había elegido de entre toda la baraja y posteriormente había colocado aleatoriamente de nuevo en ella mezclando entre sí los naipes. Para entonces todo el público estaba ya absorto en los trucos de aquel viejo mago que no dejaba de hablar y reír a gran velocidad. Los hombres no podían comprender como el mago era capaz de zafarse en pocos segundos de los más complejos nudos realizados por ellos mismos, y las mujeres reían sorprendidas al ver como aquel viejo extraía enormes rosas rojas de penetrante aroma que, según él mismo aseguraban, estaban enredadas en sus propios cabellos. Al concluir la función su chistera se convertía en el recipiente donde recaudar las monedas que cada espectador podía aportar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, antes de comenzar la función, un niño se acercó al viejo y le espetó descaradamente:&lt;br /&gt;-Buenas tardes, vengo a que me enseñe sus trucos… Quiero ser mago. Quiero vivir de la magia, ¡como usted!- El niño hablaba mirando al viejo a los ojos, sin respetar demasiado las barreras que la edad debiera establecer entre ambos.&lt;br /&gt;-Niño, ¡te equivocas! Aquí no hay truco. Esto es magia, la magia es magia- dijo con solemnidad el viejo mientras acariciaba el cogote del niño extrayendo de él unas cuantas monedas.&lt;br /&gt;-Mire, ya cuento casi 13. Sé que la magia no existe… Todo son trucos: juegos de manos- respondió con tono de eminencia en la materia.&lt;br /&gt;-Te equivocas… De momento toma estas monedas y ve a la pastelería. Compra dos bollos de aceite y vuelve aquí. Vas a ser mi ayudante, vivirás conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño corrió sonriente a la pastelería ilusionado por su nuevo cargo. El viejo vio al niño marchar y corrió al interior del carruaje donde cogió un libro basto y grueso lleno de polvo. Se dirigió con él bajo el brazo hacia la parte delantera del carruaje, al asiento delantero de éste donde levantó dos tablas que formaban un falso hueco. Allí escondió aquel libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco el pequeño ayudante fue adoptando papeles de mayor importancia. Disponía todo lo necesario para realizar la función, encendía los fanales, se encargaba de animar a la gente, recoger el dinero al concluir la función… A veces incluso actuaba como ayudante auxiliar del mago en determinados trucos. Una tarde, el niño se acercó al viejo y con la misma diligencia que el primer día y dijo grave:&lt;br /&gt;-Maestro, ya casi cuento 15 y aún no me ha enseñado ningún truco. Yo no quiero ser ayudante, ¡quiero ser mago! Necesito que comience a enseñarme sus trucos pues pronto quizás no pueda hacerlo… ¡ya tiene achaques!- pareció arrepentirse de haber pronunciado aquellas últimas palabras pues con el tiempo había tomado un cierto cariño por aquel viejo mago.&lt;br /&gt;-Ya te dije hace tiempo que no hay truco. El problema es que tú no crees en la magia. ¿Es difícil ser mago si no crees en la magia no te parece?&lt;br /&gt;-Pero maestro, usted y yo sabemos…&lt;br /&gt;-¡Tú no sabes nada! Piénsalo detenidamente… ¿Cómo puede ser alguien algo en lo que no cree? ¿Sabes por qué no me hice cura o acaso filósofo?- el aprendiz calló como esperando una respuesta -¡Pues porque no creo en Dios ni en el razonamiento lógico del hombre! Ese es tu problema. Si no crees que la magia es magia nunca podrás ser un mago de verdad. Yo cada noche me siento en la parte delantera del carro, junto a “mi Lola”. Bebo un vaso de vino y miro a las estrellas: ellas me dicen que la magia exista y que crea en ella… El resto ocurre sólo… -el viejo se quedó esperando la reacción del niño que tardó en llegar.&lt;br /&gt;-Ya comprendo maestro- dijo con una voz inocente que el maestro antes no había oído en aquel atrevido niño.&lt;br /&gt;-¡Pues ya sabes! Ahora déjame sólo. Es el momento de vestirme. Luego iré a la parte delantera, ya te he contado mi secreto: hablaré con las estrellas para sentirme mago. Ya sabes que tengo que estar sólo. Tú mientras prepara las cosas… Nos veremos al comienzo de la función.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extasiado por uno de los cielos más bonitos que recordaba en muchos años el viejo volvió a la realidad cuando escuchó la música proveniente del gramófono. Se acercó deprisa hasta la parte trasera del carruaje y se quedó perplejo ante lo que contempló. El niño había comenzado la función, la gente sonreía y se divertía mientras el niño extraía rosas de profundo aroma del pelo de las mujeres y se desataba de los fuertes nudos a los que le sometían los hombres presentes. Adivinaba cartas y extraía grandes palomas blancas del cogote de los más pequeños.&lt;br /&gt;Al acabar la función y tras marcharse la gente el maestro se plantó delante del niño.&lt;br /&gt;-¡Maestro! ¿Lo ha visto?- dijo con los ojos brillantes y casi llorosos.&lt;br /&gt;-¿Dónde está? ¿Cómo lo has encontrado?- dijo el mago sin responder a la pregunta.&lt;br /&gt;-¿De qué me habla maestro? ¿Qué se supone que tenía que haber encontrado?-&lt;br /&gt;-¡Venga no juegues conmigo! Ya sabes de lo que te hablo… ¿Cuándo descubriste el libro?- dijo incrédulo y amenazante.&lt;br /&gt;-¿Qué libro maestro? No sé de qué me habla… ¡Se lo juro!- el niño volvió a utilizar un tono y una mirada de inocencia inusuales en él y el maestro comenzó a dudar -yo sólo hice lo que me dijo maestro. Mientras se preparaba me senté a mirar las estrellas, creí en la magia y ¡de pronto los trucos comenzaron a surgir!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mago se dirigió de nuevo a la parte delantera del carruaje. Levantó las dos tablas del asiento que formaban un falso hueco y allí encontró el libro. Estaba intacto, tal y como lo había depositado y lleno de polvo. Incrédulo e incapaz de comprender nada, el viejo pasó la noche tumbado bajo el cielo estrellado tratando de comprender que había pasado… Al alba, el viejo se despertó tumbado en el suelo. El muchacho ya no estaba y junto al carruaje encontró una nota: “gracias por convertirme en un verdadero mago maestro”. El viejo marchó hasta el pueblo más cercano. Tomó un trabajo de tabernero en una pequeña posada y jamás volvió a realizar ningún truco de magia. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-7967098212374846650?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2009/04/el-aprendiz.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-8228522546767562515</guid><pubDate>Mon, 13 Apr 2009 18:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-13T20:57:08.977+02:00</atom:updated><title>Vuelvo...</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Hace algún tiempo me fui diciéndote que mi edificio estaba derruido: sin muros, puertas ni ventanas. Lo cierto es que así es, y a buen seguro la reconstrucción durará mucho tiempo. No sé siquiera si algún día mi edificio quedará levantado y se parecerá en algo al que fue en otro tiempo. Pero aún siendo un edificio derruido ¡Me niego a ser un solar vacío! ¡Me quedan cosas que decir! Mis palabras son lo único de que todavía dispongo para afrontar que el tiempo, como me dijo un amigo, pasa y ni siquiera se para cuando tú sí lo haces. No sé si el futuro está en mis manos, y el pasado, que a menudo es lo que más anhelo, ya tampoco es mío. No es aconsejable engañarse… tú, como yo, (¡como todos!) también vives atrapado (o atrapada) en este presente que depende en gran medida del prisma que emplees para verlo. Es necesario armarse de valor y de vana esperanza para emplear un prisma adecuado que te permita, al menos, creer que lo que haces merece la pena...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;También hace pocos días leí una frase que me impactó: “El mayor error del ser humano es sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón”. Dos cosas he intentado, con todas las fuerzas de que dispongo, sacar de mi cabeza en todo este tiempo que llevo sin visitar esta ventana al exterior de que dispone mi yo más interior: una de ellas tiene nombre concreto que no diré; otra es este blog, mis palabras, que me ayudan a comprender y estar más cerca del mundo. El tiempo, una pesada losa que ahora me angustia cada día con su peso, me ha enseñado que era imposible sacar esas dos cosas de mi cabeza: están grabadas a fuego en mi corazón. Por eso he decidido volver... Para que juntos "con mis palabras" me ayudes a dar sentido a eso que llamamos "vida".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;PD: Gracias a todos los que me habeis preguntado por el blog durante este "parón" y a los que me habeis demostrado vuestro cariño tanto por internet como en persona. En pocos días colgaré un nuevo relato que, como siempre y si mi permitís la licencia, os avisaré por email.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-8228522546767562515?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2009/04/hace-algun-tiempo-me-fui-diciendote-que.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>11</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-2587190830822124860</guid><pubDate>Wed, 05 Nov 2008 10:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-11-05T11:58:22.119+01:00</atom:updated><title>Me despido...</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Llevo ya algunos post escritos, muchos sentimientos, ideas, sensaciones, expresadas en este blog que nació como una herramienta para exteriorizar y tratar de comprender con mis palabras, y también con las vuestras, aquello que me rodea o está dentro de mí y no soy capaz de comprender. A pesar de todo ello me enfrento a mi último post y no sé como hacerlo: no sé como empezar, que decir y, por supuesto aquello que siempre me atormentó, no sé poner un fin decente a las cosas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez leí en un blog de alguien que no conozco algo así como que la vida de las personas son como los edificios del centro histórico de una ciudad. Algunos están nuevos y relucientes, otros recién reformados, otros son edificios antiguos que se van cayendo poco a poco para que, posteriormente, sean levantados y otros están en ruinas esperando una reforma que no llega. Mi edificio está en ruinas: se fué deteriorando poco a poco y hoy es prácticamente un solar. En ese solar no caben las palabras ni las ilusiones pues un golpe de aire o la lluvia se las llevarían a cualquier otro lugar en que sí pudieran resguardarse.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quiero agradecer a todos los que habeis pasado alguna vez por aquí. A los que habeis dejado alguna vez un comentario (anónimo o no) y a los que me habeis hecho saber vuestras opiniones de cualquier otra forma. Para mí eso siempre supondrá una alegría y un orgullo. Asiduos o no, habeis logrado formar una parte importante de mí porque todo lo que soy está aquí y también todo lo que quisiera ser. Sólo espero que algun día este edficio tenga paredes y ventanas y las palabras puedan volver a resguardarse en él y así con ellas yo pueda resguardarme en este rincón mío. A mi favor tengo el defecto de que nunca supe concluir las cosas como es debido y me voy con la sensación de que éste no es el final que debiera ser. Gracias a todos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-2587190830822124860?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/11/me-despido.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-8345625756488979390</guid><pubDate>Mon, 03 Nov 2008 10:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-11-03T11:35:00.028+01:00</atom:updated><title>Espejos</title><description>&lt;div align="justify"&gt;¡Ese no soy yo! ¡No lo soy! De acuerdo, esa imagen la reconozco: es mi propia imagen, la imagen de Pablo S., sin embargo ese no soy yo… Esa una falsa copia de mí. ¿Quién dijo que el espejo nos muestra tal y cómo somos? El espejo sólo nos muestra una imagen: el resto es pura mentira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos ojos, vacíos y tristes, oscuros y ojerosos, no son los míos, que observaron tan bellos paisajes, que miraron sinceros a otros ojos para hablarles sin pronunciar palabra, que lloraron desconsolados cuando tú me dejaste. Esa boca torcida e inerte no es la mía, que hace tiempo besó y besó de verdad habiendo amado a pesar de las mentiras que ella misma pronunciaba. No es la misma boca que supo decir palabras de consuelo o con las que hacer reír a carcajadas. Y esas garras… ¡No son las mías! No son mis manos que pusieron epílogo a un abrazo y acariciaron, que recorrieron tu cuerpo memorizándolo sin necesidad de mirarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además estoy hinchado, tengo arrugas y mucho menos pelo… Como, hace algunos años, escribió el maestro uruguayo: “La estampa del espejo es lo que no quise ser: un fantoche gastado que (cada día) convoca a la muerte. Por esos falsos ojos circulan escombros de deseos, que ya ni siquiera puedo vislumbrar y menos aún recordar”. ¿Soy el yo del espejo? ¿O acaso el yo de la vida real (material)? ¿O quizás el de las palabras, capaz de comprender las dos versiones de mí y, por tanto el yo más consciente y real? No se quién soy y este burdo mentiroso no me ayuda, pero mirándome al espejo sé lo que perdí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(I.A.)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-8345625756488979390?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/11/espejos.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-7661633568821713056</guid><pubDate>Mon, 27 Oct 2008 13:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-27T14:05:14.110+01:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div align="justify"&gt;Y no sé si por el afán de convertirme en dominador de la ficción de mi vida o por mis ínfulas de frustrado novelista me reconocí como el creador absoluto de la historia de mi vida... Y como un mal novelista que fui, he sido y seré, creé personajes innecesarios y vacíos que no aportaban sentido ni ritmo a la verdadera trama pero que me ayudaban a sentirme el Creador. Algo sin duda detestable y a lo que todavía hoy no encuentro explicación salvo la de pensar que le ocurre a los pésimos novelistas cuando confunden realidad y ficción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y una mañana, al despertar, me dí cuenta que me había convertido en personaje secundario y que mi vida la escribía otro. Quise reconocerlo pero no pude y me vi envuelto en una trama de angustia, dolor y decepción en la que, a pesar de mis esfuerzos por desligarme de aquel papel, nada podía hacer pues no era yo el que poseía la pluma. Una pluma que perdí al no reconocer cual era la trama importante en el conjunto de historias de muy diverso tipo que componen una verdadera novela.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-7661633568821713056?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/10/y-no-s-si-por-el-afn-de-convertirme-en.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-105191892454289809</guid><pubDate>Tue, 21 Oct 2008 11:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-21T13:58:12.124+02:00</atom:updated><title>Miedo</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Me acosté en el lecho de la duda y permanecí con los ojos cerrados esperando la vuelta a la cordura provocada por la llamada del despertador. Vagué sin rumbo fijo por el farragoso territorio de las ideas, el remordimiento, la culpa, las pesadillas, el recuerdo, el miedo... El miedo a no volver a verte nunca más, a que me olvidaras, a que me sustituyeras por alguien más alto o más guapo, más como tú, más justo... Deseé cien veces, como un niño atemorizado por el "hombre del saco", que fuera de día pero ya era de día; y pese a que la luz había devuelto a las cosas sus formas habituales el miedo permanecía porque no era miedo a la oscuridad sino al olvido. Ese miedo permanece todavía intacto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;(I.A.)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-105191892454289809?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/10/miedo.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-3211720347245139029</guid><pubDate>Sun, 28 Sep 2008 19:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-28T21:44:08.781+02:00</atom:updated><title>Silencio</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Condujo en silencio durante los cuarenta y cinco minutos que duró el trayecto de vuelta a casa. Hacía algún tiempo que ese silencio se había apoderado, cada vez más, de su vida: siempre había poseído la facilidad para emplear la palabra adecuada en el momento correcto; era capaz de decir aquello que las personas necesitaban escuchar en cada momento, sin embargo, desde hacía algún tiempo aquel maravilloso y oportuno don se estaba perdiendo en un mundo interno lleno de dolor, reproches y miedos que se perdían antes de llegar a las cuerdas vocales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco encontraba en las palabras ajenas las frases que quería o necesitaba escuchar. Todo eso, unido a la dificultad para explicarse en un mundo en el que la palabra cada vez importa menos y el tiempo de los demás tiene un precio que casi nadie puede pagar, hizo que eligiese el silencio como la mejor, quizás la única, opción de supervivencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salieron de la habitación todas aquellas personas a las que ni siquiera recordaba haber visto, se sentó a los pies de su cama en la que aún yacía ya rígida y pálida. Una lágrima cayó hasta sus labios y éstos, después de años de forzada inactividad, balbucieron dos palabras: “lo siento”. No obtuvo respuesta. Recordó aquellos cuarenta y cinco interminables minutos en los que, por primera vez, quiso decir tantas cosas y no fue capaz, entendió lo que ella habría sentido durante todo ese tiempo. Entonces gritó con todo el aire que tenía el los pulmones maldiciendo aquel día en que su vida cambió para siempre. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-3211720347245139029?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/09/silencio.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-7977627641147687268</guid><pubDate>Wed, 24 Sep 2008 06:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-24T08:32:53.666+02:00</atom:updated><title>Insomnio</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Quizás soñé que jugaba al fútbol en un largo pasillo, de una casa inmensa y en uno de mis chuts rompía una pieza de cristal muy apreciado por una mujer muy querida. Después creí soñar con un hombre que me resultaba familiar y que caminaba dándome la espalda… No caminaba deprisa pero yo no podía alcanzarlo y por más que gritaba no conseguía que me oyera. Soñé que, ya de mayor, me matriculaba para realizar unos estudios que no me gustaban pues siempre quise ser un gran novelista. Leí en las noticias que hallaron cerca de un río el cadáver del novelista que no fui. Soñé que una mujer, a la que amaba profundamente, se marchaba de mi habitación llorando y yo me quedaba inmovilizado mirando como cerraba la puerta. Soñé que esa puerta se había quedado entreabierta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al despertar me encontré recostado en una mesa de trabajo delante de un ordenador portátil; estaba solo: nadie me observaba, nadie había para decirme “tranquilo, ha sido un sueño”. ¿Cuantas horas llevaba sin dormir? ¿Se habría acabado mi insomnio?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-7977627641147687268?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/09/insomnio.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-8208057071319682799</guid><pubDate>Wed, 17 Sep 2008 16:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-17T18:49:17.065+02:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div align="justify"&gt;Al día siguiente supe, por primera vez, a que sabía la dulce venganza. ..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé por primera vez a aquella mujer mientras descendía desde el Paseo Marítimo hasta la orilla. Toda la luz del sol que bañaba los cuerpos tendidos sobre la arena, se desvió buscando concentrarse en su rostro que, aún marcado por las huellas del tiempo, conservaba la belleza de las mujeres de verdad, aquellas perfumadas por la experiencia y la resistencia al paso del tiempo, en las que cada pequeña arruga se cuenta como una herida de guerra cosida por el coraje de la lucha diaria. El mar pareció detener a las olas pidiéndoles un momento de calma sepulcral en el que lo único que se escucharan fueran los pasos de aquella dolorosa, caminando descalza sobre la arena. No debía ser mucho más joven que la mujer que me engendró, sin embargo en ella encontraba algo que no había contemplado antes en ninguna mujer, y mucho menos en ninguna de las niñas de mi edad, hasta entonces: una belleza virginal que provocaba en mí el deseo, tal vez el instinto, de poseerla; de que fuera mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellas tardes de septiembre en que bajaba a la playa con mis amigos eran uno de los únicos momentos de diversión en un caluroso verano en el que las ausencias de mis padres se hacían incomprensibles y sus continuos viajes a la capital, nada convincentes. Después de comer y tras una obligada siesta que mi abuela no me permitía eludir, quedaba con mis amigos para bajar por el interminable paseo, cuajado de álamos, hasta una de las playas más concurridas de la ciudad. Allí, junto a un viejo espigón al que las familias no solían llegar y que ya considerábamos nuestro, pasábamos la tarde jugando a todo tipo de juegos en el agua. Cuando la tarde daba sus últimos coletazos caíamos rendidos en la orilla, nos tumbábamos para ver como el sol se despedía del mar ocultándose tras él; aquella era la señal para que toda la pandilla se disolviera en cuestión de minutos debido a una desbandada general: cada uno corría a su casa para evitar el castigo que le impidiera poder volver a la tarde siguiente. Fue allí donde la vi por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces aquel trozo de playa junto al espigón era mi particular atalaya desde la que contemplar el, voluminoso y lleno de sinuosas curvas, cuerpo de aquella mujer que comenzaba a provocar en mi interior multitud de reacciones físicas y psíquicas a las que no encontraba explicación pues nadie antes me había hablado de ellas. En algún momento de la tarde dejaba escapar la pelota para que pasara junto a su lado, eran momentos inexplicables, de auténtica emoción: pasaba muy cerca, casi sentía que la acariciaba, podía saborear su olor y apreciar de cerca cada rincón de un cuerpo que me parecía la fachada de una de esas catedrales que había visitado con mi madre y que, por mucho que las miraras, siempre encontrabas cosas nuevas y sorprendentes y, a la vez, místicas que antes no habías visto. Llegué a desarrollar un profundo mal humor, incluso dolor físico, si ella no acudía a nuestra cita diaria, pues yo nunca había faltado… ¡ni lo haría!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mezcla de nuevas experiencias que alborotaban un caluroso verano se tornaron fatales cuando una tarde cualquiera un hombre que parecía mucho más joven que ella y con aspecto algo chulesco se tumbó a su lado. Observé gestos, miradas, algún roce de manos que me resultó anormal… Pronto me llegó la confirmación: un beso interminable debía ser la evidencia de un amor inmenso; ni siquiera había visto nunca a mis padres besarse así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel hombre se hizo un estorbo inevitable que desde aquella tarde no dejó de interponerse entre mis ensoñaciones y ella. Pasaban horas sin mirarse… Al tiempo uno de los dos rompía a gritar y gesticular ostensiblemente. Al final, casi siempre, ella se tumbaba boca abajo llorando durante un buen rato mientras él se alejaba para bañarse o despreocuparse de aquella situación como ignorando lo sucedido. Al rato volvía y se sentaba junto a ella: sin saber por qué todo estaba resuelto y se fundían en abrazos y besos que alguna vez incluso no había sido capaz de mirar a causa del rubor. Habría dado lo que fuera por tener la edad suficiente para echar de allí a aquel Judas y haber consolado con mis palabras y mi cuerpo a aquella Magdalena envuelta en llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las peleas se prolongó hasta el atardecer. Mientras mis amigos contemplaban el espectáculo vespertino del sol en su huída diaria tras del mar, yo observaba alterado aquel nuevo conflicto. Cuando el último rayo se hubo despedido de la tierra hasta el próximo día, mis amigos corrieron a toda prisa para llegar cuanto antes a sus casas… ¡era la señal! Yo permanecí un tiempo más en el espigón; esta vez no se solucionaría tan fácilmente: ella recogía sus cosas y se marchaba mientras él, despreocupado como siempre, se acercó al espigón para saltar al mar. Quise acompañarla y decirle… ¿Qué le habría dicho? Pero el miedo me paralizó. Antes de salir giré la cabeza para verlo, ¡no podía creer su despreocupación mientras ella marchaba llorando!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La marea había subido pero no lo suficiente. Debía haberse golpeado con las rocas que descansaban a los pies del espigón porque pude apreciar como flotaba bocabajo, inmóvil, sometido al vaivén de las olas. Miré al horizonte…El sol ya ni siquiera dejaba un testigo de color reflejado en el mar y pensé en mi abuela. No volví a mirar. Corrí hasta casa tan rápido como me permitieron mis piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la obligada siesta de cada tarde mi abuela me dijo: “hoy no irás a la playa. Ayer murió un hombre allí; no volverás a ir si no es acompañado de alguno de tus primos mayores”. No me importó. Pasé la mañana asomado a la ventana. Tuve la certeza de que, de alguna u otra manera, aquella mujer ya me pertenecía. Jamás volví a ver a aquella mujer pero esa certeza, aquella sensación de posesión se mantuvo durante mucho tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-8208057071319682799?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/09/al-da-siguiente-supe-por-primera-vez.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>9</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-8511002812237352113</guid><pubDate>Sun, 07 Sep 2008 15:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-07T17:52:16.628+02:00</atom:updated><title>Esperanza</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Una tarde, volví a percibir una fragancia después de años en los que lejos de estar atrofiados, mis sentidos habían perdido el interés por la vida esperando melancólicamente que un recuerdo los devolviera al mundo real. Era un olor dulce y atractivo que reconocí al momento. Giré bruscamente la cabeza y la observé acercarse a mí. Mis pupilas se encogieron, después de años sin percibir la luz y el brillo, al verla iluminada por un rojizo rayo del sol que, a punto de extinguirse, se colaba por la calle desde el parque y dibujaba su silueta delgada y esbelta como siempre lo había sido. Su pelo moreno y su tez pálida y tersa seguían componiendo una mujer bella a la que tres años de dolor y angustia no habían conseguido marchitar… Habían pasado tres años y me pareció la misma mujer, aquella que nunca fui capaz de describir en una de mis frustradas novelas, la misma que yo había dejado marchar con la resignación de que el destino me depararía, incluso sin ella, gloria y fortuna… ¡No había cambiado!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¡Cuanto tiempo! ¿cómo estas?- dijo sin perder la sonrisa en ningún momento; aquella sonrisa fácil, capaz de llenar de vida el alma de cualquier ser humano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bi... Bien, ¿y tu?- respondí casi petrificado por el miedo a los reproches tras años sin hablar con ella y, sobre todo, por el miedo a lo desconocido: a no saber si habría rehecho su vida o si sería para ella un conocido más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Muy bien- sentí un enorme peso en el pecho al oír aquellas dos palabras -Vengo a una entrevista de trabajo, es en una clínica muy cerca de aquí y voy tarde... Nos veremos ¿de acuerdo? ¡Ahora tengo que irme!- su sonrisa se hizo aún más grande y se marcho deprisa con un aire despistado que tampoco había perdido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Sí, por supuesto- contesté en voz alta para que me oyera al marchar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Quise decir millones de cosas, millones de palabras que expresaban sentimientos, dudas y remordimientos que guardaba desde hacía mucho tiempo y que quedaron dentro quizás empujadas por tantos años de silencio y por el miedo a volver a hacer daño a alguien que no lo merecía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al volver a casa era casi de noche; el olor del jazmín que mi madre había dejado plantado antes de marcharse aquel verano me recibió y después de mucho tiempo pude disfrutar aquel aroma que me devolvió a la vida de un golpe... Entonces comencé a llorar. Me desnudé y me metí bajo de la ducha: después de mucho tiempo sentía el agua fría helando mi sangre, y podía oler el perfume del jabón... Comí como hacía tres años que no lo hacía y disfruté cada bocado: dulce, salado, ácido, amargo... ¡Los sabores habían vuelto! Me acosté con la sonrisa de un niño pequeño que duerme sin preocupaciones y pensé que mi mundo dejaba de estar vacío... Ella había vuelto para perdonarme y hacer el mundo distinto cada día... Nada sería igual ahora: colores, brillos, luces, sombras, música, sonidos, sabores increibles, sensaciones, frío, calor...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al salir de casa la mañana siguiente reconocí que nada había cambiado: en la gran avenida, que desembocaba en la Catedral inacabada, los tilos, todos alineados con una marcialidad castrense, carecían de pigmento: pese a ser otoño los colores canela y tierra de sus hojas eran una ilusión y el gris uniforme los teñía por completo. Los coches y el estruendo de la ciduad no eran más que un leve murmuro para mí y las biznagas, que ofrecían las alegres gitanas en mi camino hacia la oficina, olían a todo y nada pues carecían de olor. Entré en la oficina convencido de que el sueño no era más que eso: un sueño. Comencé el trabajo generando la necesaria ilusión, tanto como el alimento lo es para subsistir, de que algún día el sueño se haría realidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-8511002812237352113?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/09/esperanza.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-8724772726929533590</guid><pubDate>Tue, 27 May 2008 13:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-27T15:16:45.514+02:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div align="justify"&gt;Tirado boca arriba sobre el asfalto de aquella estrecha carretera de montaña que subía a la casa de la sierra; preso en un cuerpo inmóvil, casi inerte e incapaz de percibir sensaciones tan primarias como el dolor o el frío comprendió que su fin estaba cerca. Tras los primero momentos de angustia y desesperación llegó la resignación: no había nada que hacer, sólo alguien que lo encontrara en su camino podría ayudarlo. Recordó entonces &lt;a href="http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/LiteraturaCubana/Carpentier/viajealasemilla.asp"&gt;“Viaje a la Semilla”&lt;/a&gt;, un pequeño cuento que había leído hacía algún tiempo y que no había podido olvidar. Liberado del peso material de un cuerpo que le obligaba a vivir anclado en el presente quiso regresar a “la semilla”. Volver atrás para regresar junto a la mujer que, hacía ya muchos años, había perdido por una estúpida discusión de adolescente provocada por el necio orgullo. Terminar sus días en los felices y despreocupados años de la infancia, junto a la única mujer que lo había querido tal y como era… ¡Cuán justa sería la vida a la inversa! Cerró los ojos y comenzó el viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Condujo el coche de regreso hasta su casa, subió a su habitación donde deshizo la maleta y bajó para almorzar algo… Como en el cuento el viaje había comenzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar en el hospital fue conducida directamente a la Unidad de Cuidados Intensivos. Tras escuchar atentamente durante unos minutos a una joven médico fue conducida por una enfermera hasta un pequeño habitáculo donde, sobre una cama rodeada de monitores y otros trastos, contempló con horro el cuerpo destrozado del joven muchacho. El cuerpo tapado con una sábana y la cara estaban llenos de golpes, magulladuras y señales del terrible accidente. La enfermera dijo: “Está muy grave… No cabe demasiada esperanza… Puede estar aquí el tiempo que quiera”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras dejar a la mujer con la que había compartido 6 años de su vida marchó a un pequeño piso de alquiler donde tuvo otras relaciones, más cortas e informales con chicas jóvenes llenas de sueños de futuro. Arregló todos sus problemas con ella y al poco tiempo regresó a la casa donde se había criado, le gustaba pasar las tardes jugando con sus primos y con “Odín”, el viejo pastor alemán de su abuelo; únicamente paraba para merendar aquel rico bizcocho de nueces que preparaba para él con tanto cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todos los años sin verlo y del lamentable estado en que se encontraba aquel cuerpo lleno de golpes y magulladuras, sintió que aquel joven seguía siendo su pequeño y que, a pesar de creer haberlo perdido para siempre, nada había cambiado. Se sentó en la cama junto a su cabeza y recordó las noches en vela junto a su cuerpo de niño cuando una extraña enfermedad casi acaba con su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día comenzó a sentirse mal, la fiebre le quemaba por dentro y le obligaba a pasar días, e incluso semanas enteras, acostado. A pesar de aquello, quizás por su poca conciencia para los problemas reales, no estaba triste: ella pasaba las noches junto a él. Se dormía descansando su cabeza sobre el regazo mientras escuchaba las canciones con que dulce y tranquila, pero a la vez alegre, acunaba su sueño durante aquella fastidiosa enfermedad. Sintió entonces una de sus caricias… ¡La sintió de verdad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de mandar desconectar todos aquellos aparatos acarició su frente: el tiempo no había pasado. Tras secarse con el puño del jersey una lágrima que atravesaba su mejilla hizo un gesto a la enfermera que aguardaba a los pies de la cama. Ésta, sin pronunciar palabra y con los ojos vidriosos se dirigió hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco tiempo se hizo la oscuridad… No sabía hablar y tan siquiera podía moverse; pero sentía el bienestar y la calma de un cálido abrazo. ¡Había vuelto por fin a la semilla! ¡Estaba dentro de ella y nada les separaría ahora! Ella salió del pequeño recinto llorando desconsoladamente mientras una enfermera cubría su cuerpo y su rostro con una sábana blanca, anotando algo en una pequeña libreta. La mujer se alejó por el pasillo sin volver la vista hacia atrás, dejando en aquella sala el único vínculo tangible con los años más felices de su vida, sus recuerdos siempre permanecerían mientras aguardaba la hora en que quizás se encontraran.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-8724772726929533590?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/05/tirado-boca-arriba-sobre-el-asfalto-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-9058035582974390410</guid><pubDate>Wed, 20 Feb 2008 11:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-20T14:02:53.622+01:00</atom:updated><title>Viaje de regreso</title><description>&lt;div align="justify"&gt;(&lt;strong&gt;Nota aclaratoria: &lt;/strong&gt;Al final del post tienes un archivo de audio que puedes abrir haciendo click como indica en la frase subrayada y posteriormente click sobre la barra de audio. Puedes escuchar el audio mientras lees el post o al acabar.)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El viejo tren regional se abría paso entre los amarillos paisajes del estío; la tierra y el cielo habían cambiado su color hacia uno más cálido y familiar, un color que pronto pudo reconocer a pesar de todos los años que había pasado lejos de aquella tierra que la viera nacer. Es curioso como la tierra, el lugar donde cada uno nace, marca de manera tan definitiva a las personas, su carácter, modo de entender la vida y costumbres. Siempre me resultó curioso apreciar las diferencias entre el carácter abierto y extrovertido de las gentes nacidas y criadas cerca del mar, con aquel otro cerrado e introvertido de las que nacen rodeadas de montañas. Es como si el mar recordara a sus gentes que la tierra no acaba allí donde sus pasos, sus autos o trenes, no pueden llegar y que más allá de donde su conocimiento alcanza existen hombres y mujeres de otras razas y religiones.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Fue al ver el sol que yacía en la tierra tiñendo el cielo, todavía azul, de sangre y fuego cuando supo que su vida estaba cambiando. En ese momento, apreciando aquel paisaje que sentía como propio después de años de cielos oscuros y sucios de una capital sumida en la prisa y el estrés, el cristal de la ventana le devolvió una imagen del pasado: una joven alta, delgada y huesuda pero esbelta, de piel fría y blanca, que concentraba el epicentro de su energía en una mirada profunda y viva de un color verde imposible de describir, sentada en ese mismo tren, dispuesta a salir por primera vez del pueblo que la había visto nacer para marchar muy lejos y cumplir así su sueño de adolescente. Miró a su vientre y quedo pensativa…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La adolescencia, quizás uno de los peores y más acuciantes males de la humanidad, había pasado deprisa, sin tiempo para cumplir todos esos sueños y dejando tras de sí todo un rosario de desgracias tras las que jamás sabría si podría volver a reír. Estaba decidida, o quizás más bien, obligada a dejar en aquella gran ciudad su sueño, todos los amores frustrados y no correspondidos, y regresar a “su tierra”. Marchaba con un único recuerdo que habitaba en su interior aunque no por mucho tiempo pues pronto se convertiría en una huella viva y eterna de aquel sueño de adolescente no realizado; regresaba también, con el miedo de enfrentarse a uno de esos pueblos rodeados de montañas, donde no parece haber más mundo que el propio y donde ella supondría el centro de debates, discusiones y todo tipo de corrillos. Se mofarían de ella por haber salido de aquel mundo para buscar uno mejor que jamás había encontrado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Hija mía voy a contarte algo –dije en voz baja y acercándome a ella como delatando un secreto jamás contado- Yo también tuve un sueño de joven: quise ser pianista, ya lo sabes, pasé años de mi vida ensayando para convertirme en uno de los mejores y poder ganarme así la vida. Todo el mundo aquí piensa que deje mi sueño cuando conocí a tu madre y te tuvimos a ti –ella me miraba atentamente con la misma mirada de niña con la que años atrás miraba mis manos deslizarse sobre el piano de la sala donde tocaba todo tipo de sonatas y melodías alegres para amenizar las tardes de lluvia en que no podía salir a jugar, continué- Pero esa no es la verdad: deje el piano cuando empecé a perder el oído –ella miró sorprendida- Sí, hija mía, me quedo sordo, aún puedo apreciar los sonidos y distinguirlos pero cada vez me cuesta más”. Ella que había escuchado mi secreto con atención y dijo desconcertada: “Pero entonces yo…”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Tú nunca fuiste el motivo a pesar de lo que hayas oído… Tú también podrás cumplir tu sueño –dije sonriendo y acariciándole el pelo- Nunca dejes de soñar pues son los sueños lo que nos mantienen despiertos y vivos. Hace años a sabiendas que no podría seguir haciéndolo, compuse una breve melodía; quiero que sea para ti, que la llames como quieras y que se la enseñes a tu hija, que siempre cuentes tu historia y le hables de mi, jamás te arrepientas de lo vivido. Ven, acompáñame al piano”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me senté en el pequeño taburete frente al piano y comencé a tocar aquella melodía que había compuesto pocos días antes. Ni siquiera la recordaba bien y puede que algunas notas no fueran tal y como las había pensado la primera vez. Ella escuchaba y sonreía entre lágrimas; su mirada verde indescriptible había cobrado una nueva fuerza y yo sentí que no todo estaba perdido: había recuperado la fuerza para seguir soñando y eso la mantendría con ganas de vivir. Una felicidad casi plena se apoderó entonces de mi ser al ver que, aquella niña que hace mucho tiempo supusiera el fin de un sueño y el comienzo de otro nuevo, recobraba la alegría que hacía tiempo había perdido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Para Elisa –dijo a voces, entre sonrisas y aplausos, cuando acabé de tocar mi reciente composición- Se llamará “Para Elisa”, y ella, como yo, nunca la olvidará. Gracias papá”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;script src="http://blip.tv/scripts/pokkariPlayer.js?ver=2008010901" type="text/javascript"&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;script src="http://blip.tv/syndication/write_player?skin=js&amp;amp;posts_id=688073&amp;amp;source=3&amp;amp;autoplay=true&amp;amp;file_type=flv&amp;amp;player_width=&amp;amp;player_height=" type="text/javascript"&gt;&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="blip_movie_content_688073"&gt;&lt;a onclick="play_blip_movie_688073(); return false;" href="http://blip.tv/file/get/Madila-ParaElisa281.mp3" rel="enclosure"&gt;&lt;img title="Click to play" style="WIDTH: 214px; HEIGHT: 214px" height="1330" alt="Video thumbnail. Click to play" src="http://blip.tv/file/get/Madila-ParaElisa281.mp3.jpg" width="2416" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onclick="play_blip_movie_688073(); return false;" href="http://blip.tv/file/get/Madila-ParaElisa281.mp3" rel="enclosure"&gt;Click To Play&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(A mi madre)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nota&lt;/strong&gt;: Mis agradecimientos a Laura por echarme una mano con "las nuevas tecnologías"&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-9058035582974390410?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/02/viaje-de-regreso.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-7122629389008760066</guid><pubDate>Wed, 06 Feb 2008 19:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-06T21:17:52.998+01:00</atom:updated><title>Secretos</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Había pasado millones de veces ante aquella puerta que se encontraba en mitad del pasillo del sótano, pero nunca la había atravesado, no sabía que había tras ella. Se preguntaba ahora por qué extraña razón no lo habría hecho. Su padre le había dicho muchas veces “cuando seas mayor y llegue el momento podrás abrirla”. En muchas ocasiones había estado solo en casa, sin su padre y sin nadie que pudiera impedirle descubrir que había allí, pero unas veces se había olvidado de la puerta, otras sí se había plantado frente a ella con más curiosidad que valor real para abrirla, pero realmente nunca lo había llegado a hacerlo. Ahora se preguntaba por qué, por qué nunca había tenido el valor para hacerlo, por qué no había tenido el valor para atravesarla y descubrir que había, por qué acataba la prohibición de su padre sin una explicación más convincente. No había explicación, se había acostumbrado a respetar las normas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Era una puerta antigua, de madera, con un gran pomo negro de hierro. Recordaba, desde siempre, que la llave que cerraba la puerta estaba puesta en la cerradura. Parecía una invitación a que fuera usada, quizás una prueba puesta por su padre, quizás tan solo una muestra de confianza. Por fin se había decidido… abriría la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Imaginó, en esos segundos de nerviosismo provocado por un valor más impulsivo que razonado, que vería oculto, que habría allí, y cayó en la cuenta de que nunca se había parado, realemente, a imaginar que habría tras la puerta, más bien había sentido una curiosidad muy atenuada. A su padre le gustaba mucho la botánica, quizás encontrara, tras la puerta, un gran jardín a modo de invernadero, con plantas muy bellas, de muchos colores: amarillos, rojos, violetas… Enormes rosas de colores, rodeadas de verdes y frondosos helechos y todo ello embriagado por el suave aroma de un jazmín que trepaba hasta el techo. Quizás fuera el pequeño tesoro que su padre guardaba con celo ante a los “peligros” que suponía un niño pequeño jugando alrededor. Sintió que traicionaría a su progenitor desvelando algún secreto que nadie tenía derecho a saber. Barajó una última posibilidad, seguramente la más aterradora: cuantas cosas horrendas y desconsoladoras escondería allí para protegerlas de su pequeño hijo. Entonces sintió miedo y decidió no abrir la puerta, pero el pomo ya estaba vencido y la hoja de la puerta se desplazaba chirriante hacía el interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Encontró, tras la puerta un diminuto armario con una caja que contenía un viejo uniforme de militar y unos galones, una carta de alistamiento, una foto en blanco y negro en que se encontraba a un hombre mayor abrazado cariñosamente a otro más joven que debía ser su padre; junto a ésta había otra, gastada por el tiempo y con los bordes rotos, de una mujer pequeña, morena, delgada y muy guapa que parecía tirar un beso al aire. Había en su anverso  una escueta frase y una fecha: Te quiero (14 de julio de 19..). Las últimas dos cifras casi no se leían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando volvió vio a su padre como alguien distinto al que siempre había conocido, al que había imaginado; una idea distinta de la que hasta ese momento había tenido de él. Nunca llegaron a hablar de la Guerra ni de lo que Luis había visto aquel día.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-7122629389008760066?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/02/secretos.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-4754227845273720268</guid><pubDate>Fri, 01 Feb 2008 11:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-01T15:43:30.753+01:00</atom:updated><title>"Cierra los ojos"</title><description>&lt;object height="355" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/e41oO33x60Y&amp;amp;rel=1"&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/e41oO33x60Y&amp;amp;rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.wamba.com/profile/public/?oId=MTIxMTk3Ng=="&gt;Gema Cuéllar&lt;/a&gt; es una cantautora malagueña que estudia cuarto de Comunicación Audiovisual en esta ciudad. El videoclip ha sido grabado por un grupo de alumnos y compañeros suyos de este mismo curso; tengo el gusto, y la suerte, de conocer a alguno de ellos. A todos, desde este pequeño rincón, los felicito por su magnífico trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Propongo que la letra de esta canción de Gema, que se llama "cierra los ojos", sea una brújula que nos sirva para guiarnos en nuestra vida diaria. Poco más se puede decir si ya has oído la canción... "Cierra bien los ojos que así es como se ve el alma".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-4754227845273720268?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/02/cierra-los-ojos.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-6716137534883128661</guid><pubDate>Tue, 29 Jan 2008 22:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-30T23:04:43.702+01:00</atom:updated><title>Mi razón de ser... (divagaciones)</title><description>No me conoces... no sabes quien soy... Probablemente me identifiques con una cara o un físico, quizás incluso con una forma de ser, pero ese no soy yo: no realmente. Ese es alguien muy parecido a mí; alguien que a veces, incluso, se hace pasar por mí. Pero yo, que te escribo, no soy ese, no realmente. Es alguien de fuera que es como le dicen que sea, que hace lo que le dicen que haga y que piensa como se debe pensar. Sigue leyendo... si paras yo desapareceré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo solo existo en este pequeño rincón mío, todo lo que soy está aquí: mi rincón y mis propias palabras; las que me sirven para explicarte como soy y como veo el mundo. Pero la verdadera razón de mi existencia eres tú que me lees. Yo no sería nada sin ti: cada palabra que escribo tiene sentido si sale de tu boca, si la pronuncias; todas tienen un sentido pero es el que tu quieres darle. Tu eres, que me lees, quien decide si alegría o tristeza, amor o desamor, locura o cordura... Si tu quisieras el rojo sería azul y el blanco negro. No soy yo el que da sentido a todo esto: sin ti yo no existiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace muy poco he sabido que me lees y quiero que sigas haciéndolo. Quiero que sigas &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;conociéndome&lt;/span&gt;, que me leas. Para darme sentido: para que mis historias existan y ocurran de verdad y para que yo pueda ser como de verdad soy, y no como ese otro que está fuera de este rincón y que se parece a mí, que se hace pasar por mí, pero que no soy yo: el que tu dices que es real pero yo digo que no. ¡Yo digo que él es ficción! ¡Lo mismo que tu dices de mis historias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora tú dejarás de leer y yo de existir... Espero que vuelvas a mi rincón y que juntos creemos nuevas historias que nos ayuden a comprender (aunque para &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;ti&lt;/span&gt; sean ficción y para mí siempre sean reales)... Yo me convertiré en palabra y tu me darás sentido. ¡Hasta entonces!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-6716137534883128661?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/01/mi-razn-de-ser-divagaciones.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-6804385141195694491</guid><pubDate>Tue, 29 Jan 2008 20:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-30T00:07:04.598+01:00</atom:updated><title>Anteros</title><description>&lt;strong&gt;&lt;em&gt;(Nota: perdonad que repita este post. No sé que ha pasado pero se ha borrado y no lo encontraba. Vuelvo a colgarlo para que quede aquí. Un saludo y perdón por las molestias)&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, tumbado bajo el manto de estrellas que adornaban una noche de luna nueva, comprendió que nada había sido tan especial como aquella primera noche, bajo un cielo parecido, junto a la única mujer que de verdad había amado. Comprendió entonces que todos los triunfos, el poder y la gloria nunca habían sido sino pequeños placeres de un hedonista resignado que le aportaban una sensación de plácida felicidad pasajera que jamás sería completa. Suspiró hondamente y quedó mirando la bóveda brillante bajo la que había decidido pasar la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mañana te arrepentirás de esto, te levantarás y te preguntarás ¿qué has hecho?- Dijo mientras la estrechaba entre sus brazos. Ella no hablaba, lo miraba sonriendo y negando alegremente con la cabeza mientras sus ojos irradiaban una alegría que el resto de su cara jamás sería capaz de comunicar. Ebrio de la alegría que ella pronto le había contagiado con la profundidad de su mirada y también del alcohol que aquella noche de verano habían bebido, la besó y le dijo -ya te dije que yo sería quién pusiera las cosas en su sitio, no el tiempo-. Era todavía un niño en un cuerpo de hombre, siquiera adolescente. Maduraría junto a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era tarde para darse cuenta de que la había perdido y de que es realmente cuando no se tiene algo, cuando se comprende cuanto se necesita. No era el capricho de un guerrero por recuperar la tierra que antaño fuera suya, por sentir la gloria de la reconquista, sino más bien el sentimiento que él, muchos años antes cuando aún era soldado raso, había experimentado al recibir aquella puñalada helada en el pecho. Aquella vez no murió y pensó que ésta, a pesar de haberla perdido, de encontrarse perdido en un mundo sin sentido, tampoco lo haría. Saldría adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gloria y los triunfos llegaban sin cesar: había ido invirtiendo el tiempo que dedicaba a pensar en ella, en todo lo que juntos habrían vivido; en batallar en el nombre de aquella causa que no sentía como suya pero que tampoco sentirían los centenares de hombres que tenía a su cargo y que fielmente se alzaban tras él motivados por una fuerza que les contagiaba. Numerosos reinos fueron claudicando al poder de aquellos cientos de hombres sin tierra y sin hogar al que regresar. Reconocimientos militares y éxitos personales se sucedían. Conoció nuevas mujeres&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_Xo-GmwlAY7s/R5-TbGJGnsI/AAAAAAAAAAg/YuaXNCmdqhs/s1600-h/Anteros1.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5161005791704424130" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_Xo-GmwlAY7s/R5-TbGJGnsI/AAAAAAAAAAg/YuaXNCmdqhs/s320/Anteros1.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; a las que supo amar fugazmente, disfrutó grandes y lujosas fiestas en honor de sus victorias y vivió momentos gloriosos que quedarán para siempre en la historia de la humanidad. Pero a menudo, en la batalla o en los momentos de paz, cuando los gritos desaparecían y el silencio se convertía en el único compañero de aquellos hombres sin bandera, el viento le traía aromas de su amada, músicas que junto a ella había oído y compartido, sabores de su piel y de sus labios… Entonces se daba cuenta que nada había cambiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las veces, que no eran pocas, en que sentía perder por completo la fuerza y el rumbo; cuando no comprendía porque estaba allí y porque luchaba por algo que no sentía como propio, imaginaba su cuerpo desnudo, se envenenaba pensando en todos aquellos malnacidos que disfrutarían del placer de una carne que él conocía a la perfección. Eso provocaba la suficiente ira y desesperación para alzar su arma y seguir matando… Con suerte alguno de esos malnacidos se alistarían en cualquiera de los otros ejércitos contra los que luchaba y así probarían la furia de su ira, pagarían con pena mortal la osadía de convertir en mundana la carne aquella diosa que había guiado (sin saberlo) su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tumbado bajo las estrellas de aquella noche, la última que dirigiría aquel ejército, supo que hacía mucho tiempo que ella se habría arrepentido como él le dijo la primera noche. Supo que la gloria, los triunfos y todo lo que otros habían envidiado no era suficiente, no era lo importante. Volvería a un lugar del que partió hace mucho para encontrarse con un pasado que nunca había olvidado. Pasaría el resto de su vida condenado a una muerte peor que cualquiera a la que una guerra le habría producido: moriría de esperar, de esperarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Nota: La foto que incluyo es de una buena amiga cuyo fotolog podeis visitar pues está enlazado en el espacio "enlaces que me gusta leer". Perdonad los posibles fallos técnicos y, si os gusta la idea de colgar fotos originales, intentaré ir mejorándolo y perfeccionándolo.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-6804385141195694491?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/01/anteros_29.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_Xo-GmwlAY7s/R5-TbGJGnsI/AAAAAAAAAAg/YuaXNCmdqhs/s72-c/Anteros1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-7965947656103702816</guid><pubDate>Mon, 21 Jan 2008 14:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-21T15:35:36.411+01:00</atom:updated><title></title><description>El edificio, que antes había sido un convento franciscano, tenía en la parte inferior una bella fuente de piedra en el centro de un amplio patio, el violento caer del agua era lo único que se atrevía a perturbar el silencio profundo que envolvía al edificio. Como si todavía conservara las máximas de “recogimiento y oración” que hacía muchos años la rigieran, la nave central, en el piso superior, guardaba un silencio que parecía eterno, únicamente alterado de vez en cuando por el sonido de una página que pasaba buscando conocer si al final el joven &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juli%C3%A1n_Carax"&gt;Julián Carax&lt;/a&gt; encontraría el rastro de su amada Penélope. La nave, alta y de grandes ventanales por los que penetraba una intensa luz de color amarillo que se mezclaba con el blanco mortecino de los tubos de flúor que colgaban del techo, era el único lugar donde encontraba la suficiente paz y tranquilidad para concentrarse en sus escritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le resultaba curioso tener que escribir en aquel lugar, rodeado de libros ya escritos. Parecía ser una afrenta personal o siquiera una burla, de cada uno de los autores de esos libros hacía él: “nosotros, todos nosotros, ya hemos escrito nuestro libro… ¿y tú?”. Llegó incluso a sentir la sensación de estar cometiendo algún tipo de pecado mortal de atrevida vanidad: “donde descansa el legado vivo de los &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_Mar%C3%ADa_del_Valle-Incl%C3%A1n"&gt;Valle-Inclán&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%ADo_Baroja"&gt;Baroja&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Cervantes"&gt;Cervantes&lt;/a&gt; y muchísimos más, ahí es donde yo pretendo crear mi modesta obra que no se si llegará a ser tal”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la disposición aleatoria de los títulos que se ofrecían al público lo que le descargaba, en gran medida, de esa responsabilidad, del sentimiento de culpa y osadía. Con relativa frecuencia, mientras esperaba pacientemente a que “una musa” se introdujera en su pluma para escribir al menos una página, pasaba horas de silenciosas carcajadas observando esa peculiar disposición. Desde su posición y hasta donde la vista podía alcanzar encontraba “Nadar más rápido” y “Manual práctico de supervivencia” juntos en la misma estantería; en la estantería justamente superior “Teoría literaria” o “Retórica Literaria” y un poco más a la izquierda una completa “Guía del Voyeur” y un título que más de una vez se había propuesto leer, al menos en ratos de infelicidad: “Cine o Sardina”. Pero, sin duda, lo peor desde su punto de vista es que junto a estos libros, sin ningún muro de piedra y acero, ni cartel luminoso y fluorescente que los diferenciara se encontraban obras tan variopintas como &lt;a href="http://libros.linkara.com/libro/chaman-noah-gordon-5jfi.html"&gt;“El Chamán”&lt;/a&gt; de &lt;a href="http://www.lecturalia.com/autor/367/noah-gordon"&gt;Noah Gordon&lt;/a&gt; o &lt;a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/skarmeta/obra_novelas05.htm"&gt;“El cartero y Pablo Neruda”&lt;/a&gt;. Pensaba que el encargado de la disposición de aquellos libros ya había cometido un sacrilegio mayor que el suyo, uno por el que los grandes autores del pasado se revolverían en sus tumbas. Además si allí había sitio para un “Manual del Voyeur”, también debería haber, algún día, sitio para una novela seria a la que estaba dedicando tanto tiempo. Eso le animaba…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el folio en blanco trazaba una línea transversal en la parte superior donde escribía ideas fugaces, conceptos, que le ayudarían a escribir: “el amor”, “los celos enfermizos”, “amor carnal”… Tras anotar dos o tres ideas comenzaba a escribir y tachar de manera vertiginosa sin saber bien a donde se dirigía. En ese momento una chica de aire distraído se sentó frente a él abriendo un gran libro cuyo título había podido adivinar: “Derecho Civil”. Se quedó observando a la chica y apreció como ésta resoplaba con una respiración agitada, probablemente provocada por el tramo de escaleras que había subido para acceder a la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saber cómo, imaginó que aquella respiración venía provocada por una larga carrera. Ella habría cerrado la puerta sin mirar, habría bajado las escaleras y habría comenzado a correr sin mirar atrás. No soportaba los gritos que su padre daba a su madre, el odio con que le profería aquellos insultos. No sabía por qué pero seguía corriendo; era una forma de escapar de aquella situación que recordaba, y se repetía, desde siempre. No pudo imaginarla sin dejar de correr. Seguía corriendo sintiendo el aire frío en la cara, pensando que no habría en el mundo una sensación tan parecida a la libertad como aquella y pensando, también, si su madre alguna vez habría hecho aquello, si habría corrido para huir de su marido: probablemente no lo hiciera por culpa de ella y de sus dos hermanos, a los que su madre nunca habría abandonado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz amarilla que entraba por los ventanales de la gran sala se orientaba ahora directamente hacia el lugar donde él estaba sentado. El folio en blanco, impoluto, reflejaba la luz de modo muy tenue y al mirarlo pudo ver como la chica, que seguía frente a él preparando un posible examen, detenía su carrera en seco al llegar a un parque que muchas veces había visto pero en el que jamás había estado. Estaba agotada. Casi sin pensar se dejó caer sobre un tupido manto de césped junto a unos columpios y comenzó a llorar. Él apareció tras los columpios, se tumbó junto a ella y le dijo:&lt;br /&gt;-Lo sé todo, se lo que te pasa. No temas, no me conoces pero como te digo lo sé todo; yo, vengo de otro lugar y sé que al final todo se arreglará. Tu madre es fuerte, puedes confiar en mí- Ella lo abrazó y siguió llorando sin consuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se… Señor perdone que le interrumpa: dentro de diez minutos cerramos- Dijo un señor mayor con el pelo blanco y una voz grave que retumbaba en el recinto. Levantó la cabeza y vio partir a la chica con su libro bajo el brazo. Tras recoger todos sus apuntes y notas salió de la sala bajando hasta el patio donde se alzaba, alborotadora y ruidosa, la fuente y partió hacia su casa. Al llegar pensó que debía escribir una novela sobre algún tema relacionado con los malos tratos y que empezaría esa misma tarde.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-7965947656103702816?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/01/el-edificio-que-antes-haba-sido-un.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-8445767937023194029</guid><pubDate>Wed, 16 Jan 2008 22:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-17T00:16:11.151+01:00</atom:updated><title>Realidad o sueño...</title><description>Anoche mientras dormía alguien entró en mi habitación, se paró junto a mi cama y me despertó. En realidad no se si aun dormía, si era un sueño o no... No, ¡estaba despierto! A pesar de que mi habitación estaba oscura pude apreciar que se trataba de un hombre, no muy alto y cuyas facciones me resultaban familiares, por su voz pude apreciar que se trataba de un hombre bastante mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy aquí para que hables de mí, de mi historia- me dijo con un reproche que sonaba más a canto alegre&lt;br /&gt;-¿Cómo?- Logre farfullar entre la confusión y el cansancio&lt;br /&gt;-¡Pues eso hombre! Que estoy aquí para que hables de mí, de mi historia&lt;br /&gt;-Eres... eres un sueño...- dije algo molesto por la inoportunidad del momento&lt;br /&gt;-Como quieras, pero escúchame: esto, lo que voy a contarte, tienes que escribirlo mañana mismo en tu blog. Es la historia de mi vida... Es una historia bonita, de grandes alegrías y aventuras que merece ser contada; hay quien empieza a cansarse de tanta historia triste en tu blog, de tanto problema metafísico del hombre. Tú eres muy joven pero la gente... ¡La gente necesita alegrías hombre!&lt;br /&gt;-¡Escribo sobre lo que me da la gana!- dije completamente contrariado por la situación, el hombre me miro con cierto desdén, continué -es difícil escribir historias alegres además... ¡esto es un sueño!-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arrebatado por el cansancio y sometido por la incomprensión me decidí a escucharlo. El hombre se sentó a los pies de mi cama y me contó su vida... ó como a él le gustaba llamarla: "La historia de su vida". Era una historia fabulosa, de aventuras increíbles, llena de historias de amor que pensé (y envidié) que yo nunca viviría, de algunas tristezas y sin sabores, pero sobre todo de alegrías, de grandes alegrías y satisfacciones. Seguí pensando, mientras hablaba, si aquello era o no un sueño; ¡pero daba igual! Fuese realidad o sueño aquel relato debía ser contado. Gustaría a muchas personas, ayudaría a vivir a muchas otras, y yo cumpliría por fin mi sueño: publicar mi primera novela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun no sé si fue un sueño o realmente alguien, cuya vida resultaba una historia increíble, estuvo conmigo en mi cuarto anoche... Esto es todo lo que recuerdo....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(seriously)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-8445767937023194029?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/01/realidad-o-sueo.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-6381928022576427223</guid><pubDate>Mon, 14 Jan 2008 20:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-14T21:42:37.043+01:00</atom:updated><title>¿Vivir?</title><description>Salió despacio y en silencio para no despertarla: estaba decidido y ella intentaría disuadirlo, discutirían, ella se pondría a llorar como una loca, y acabaría no haciéndolo para que ella no se culpara de por vida de no haber retenido aquel amor que para él no era tal, sino simple costumbre o cariño hacia aquella pequeña, pero bella mujer, que cada noche dormía junto a él enredándole el pelo, con su peculiar aroma indescriptible pero casi tan bello como ella, en la cara y que cada mañana lo abrazaba y lo besaba de manera muy parecida a como su madre lo hacía muchos años atrás. Cuando aun las cosas eran sencillas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había tomado la costumbre de hablar sólo, en voz alta, y así: sólo con sus pensamientos, había aprendido a solucionar sus problemas. Cuando aún era muy pequeño su madre le enseñó algo que jamás olvidaría: “no es bueno reír, a la gente no le gusta; eso hace que parezcas feliz y a la gente no le gusta porque suelen ser envidiosos”. Siempre había sido un niño demasiado maduro para su edad, sus razonamientos se adelantaban a la edad que su estatura hacía presagiar, y había podido comprobar entre sus compañeros del colegio y también en esa otra vida que junto a los niños viven los adultos, que su madre, a pesar de todo lo que sobre sus consejos decía su padre, tenía razón. Así siempre había pasado inadvertido y quizás no tuviera un amigo de verdad, pero tampoco había tenido jamás un solo problema, nadie nunca le había hecho daño. Todo era sencillo, pasar inadvertido, solucionar sus propios problemas sin ayuda de nadie y seguir viviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la vida de adulto se va complicando y te enreda, como se enredaba en su cara el pelo de aquel “amor” con el que solía compartir las noches de insomnio. No había reído nunca a carcajadas y tampoco nunca compartió con nadie una charla que le ayudara a comprender su existencia y los grandes problemas que acechan al hombre. Subía las escaleras hacia su habitación pensando quien era él, quien era aquella persona con que compartía su vida y por qué tenía él que compartir su vida que era suya y de nadie más, cuando encontraría un trabajo decente… Pensó que, para un adulto, eso era la felicidad; y una vez más, en voz alta dijo: “eso es, la gente es feliz cuando tiene una compañera con quien compartir las desgracias, un trabajo y una casa. Yo lo tengo todo y aun así no soy feliz por eso tengo que terminar con todo este pesar”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a su habitación y sacó una pequeña caja que había en el segundo cajón de la cómoda. Dentro de la cajita un pañuelo de seda recuerdo de su madre protegía un pequeño frasco de cristal que sacó y puso junto a la mesa de estudio. Con aire de antiguo alquimista que mezcla sus pociones con rigor y majestuosidad, volcó el contenido del frasco, un líquido transparente y de olor amargo en un vaso chato y estrecho, se quedó mirándolo y de nuevo dijo en voz alta “voy mamá… sé que papá sabrá perdonarme”. Paso un minuto en silencio, observando el vaso que contenía el líquido, con una mirada en la que se mezclaba a partes iguales la curiosidad y el ansia de quien espera una buena noticia que sabe que le darán. Se tumbó en la cama y por fin bebió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a sentir como la sangre golpeaba sus sienes violentamente y reconoció esa sensación, porque era igual a la agitación que sentía cuando, de pequeño, en el patio del colegio, marcaba un gol y todos sus compañeros de clase le abrazaban. Un escalofrío descendió desde la cabeza a los pies y le trajo el recuerdo de aquellas tardes de invierno en que su madre abrazada a su febril retoño trataba de curar con cariño la gripe de su hijo. Para entonces un sueño pesado y profundo se apoderaba de él como cuando de adolescente, junto a su primo, se quedaba dormido contemplando el atardecer rojizo a la orilla de un mar fresco y tranquilo de verano. Para entonces el aire casi no llegaba a sus pulmones. Recordó entonces a aquella pequeña mujer, bella, tan distinta a él y que ni si quiera conocía del todo, encima suya dejando caer sobre su cara su largo cabello oscuro llegando hasta la boca de su amado; el cabello era tan espeso que, a menudo, le dificultaba la respiración… la misma sensación experimentaba ahora. Sin saber si se trataba de una ensoñación más propia del delirio final de un moribundo o de otro recuerdo más, sintió como le embriagaba el olor tan peculiar de los cabellos de aquella mujer y le pareció estar acariciándolos, pero no con una de esas caricias fingidas y vacías; era una caricia de verdad. Entonces comenzó a reír a carcajadas por primera vez en su vida: “¡al fin se lo que es la felicidad!” musitó con una débil voz que casi no salió de sus labios. Cerró los ojos y su cuerpo permaneció inmóvil y frío durante varias horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Gracias a Carmen J. Rivas, sin ella este post no existiría)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-6381928022576427223?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/01/vivir.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-1910600659988635108</guid><pubDate>Tue, 08 Jan 2008 08:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-08T10:39:36.090+01:00</atom:updated><title>Maktub</title><description>Al llegar al apartamento aquella tarde se sentó buscando una explicación a una pregunta aún sin formular. Una sensación de desazón, como si de una duda constante que no se resuelve se tratara, se había apoderado de él desde hacía unos días sin ninguna causa aparente y le provocaba un desconcierto que primero, atribuyó al cansancio tras los días de fiesta y, posteriormente, a la falta de nicotina debido a su &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;recién&lt;/span&gt; estrenado "nuevo propósito" de dejar de fumar. Volvió a fumar, y había descansado lo suficiente... era algo más profundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como cada tarde encendió la televisión, no tanto por encontrar algo interesante que le entretuviese y calmase esa desazón, pues ya hacía años que la televisión era como uno de esos compañeros de trabajo a los que había aprendido a mirar, atender, escuchar y hablar utilizando el mínimo esfuerzo; sino más bien para que ésta (la televisión) lo acompañara en sus horas de transición hasta el momento de acostarse, que no era más que el anuncio de un nuevo día. Pero esa tarde ocurrió algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el telediario una noticia llamó su atención: la editorial Planeta de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;Agostini&lt;/span&gt; publicaba una colección dedicada al escritor brasileño &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;Paulo&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Coelho&lt;/span&gt; que se abría con una de sus obras maestras más conocidas: "El Alquimista". En aquel momento la desazón se hizo mayor. Aquel instante le pareció haberlo vivido ya, uno de esos &lt;em&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;déjà&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;vu&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; pensó, y como golpeado por un zarpazo seco y contundente de la memoria recordó a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Adriana&lt;/span&gt;, su novia de tantos años que dejó en el pueblo antes de marchar a la capital en busca de un futuro próspero. Ella le había regalado aquel libro en su último cumpleaños, poco antes de que él marchara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó más de dos horas buscando el libro por el minúsculo apartamento sin obtener resultados. De pronto, cuando estaba apunto de desistir, sin saber muy bien por qué, miró bajo la cama y encontró una pequeña caja que debía estar allí desde la mudanza y que, probablemente por falta de sitio o de tiempo, no había abierto. La abrió y encontró multitud de fotos: con sus amigos en el río, con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;Adriana&lt;/span&gt; en la cafetería a la que a ambos les gustaba ir, y una foto grande y a color de su madre. Entre multitud de recuerdos encontró por fin "El Alquimista". Ojeó el libro como si de un tesoro encontrado de improviso se tratase. La desazón se había tornado nerviosismo. Encontró una dedicatoria en la página inicial en la que rezaba "Para siempre" y que firmaba &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;Adriana&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar un lenguaje que está más allá de las palabras, que muestra aquello que los ojos no pueden ver". Esas tres líneas aparecían en la contraportada del libro y estaban subrayadas (a ciencia cierta por &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;Adriana&lt;/span&gt;) con un &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;bolígrafo&lt;/span&gt; rojo. Comprendió entonces que todo lo que había pasado ese día era una de esas señales de las que hablaba &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;Coelho&lt;/span&gt;. Comprendió que había estado, durante años, haciendo lo "conveniente", lo que debía hacer, lo "mejor para él", basando por completo su existencia a lo racional, a lo que era más &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;cabal&lt;/span&gt;. Eso le había llevado a aquella gran capital, donde el ruido y la prisa eran dueñas de la vida de las personas, donde charlar con un desconocido era una pérdida de tiempo e incluso una temeridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprendió por fin que debía marchar de nuevo al pueblo que le &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;vio&lt;/span&gt; nacer, buscaría una casa cerca de su madre y trataría de encontrar a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;Adriana&lt;/span&gt; para compartir el resto de su vida con ella. Ella había comprendido todo eso mucho antes que él y seguro que estaría esperándolo. Volvió a abrir el libro al azar y encontró el siguiente pasaje:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;-&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;Maktub&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;-&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;dijo finalmente el Mercader&lt;br /&gt;-¿Qué significa eso?&lt;br /&gt;-Tendrías que haber nacido árabe para entenderlo-repuso él-. Pero la traducción sería algo así como "está escrito".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;Maktub&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;pensó también él mientras se sentaba en el borde de la cama tratando de descansar tras todas esas emociones. "Todo esto estaba escrito, tenía que pasar, tenía que darme cuenta". Eran las dos de la mañana; se aflojó el nudo de la corbata, comió algo de fiambre que había en el frigorífico y se acostó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente como cada día se levanto a las seis y media para ir a trabajar. Se duchó y salió deprisa sin tiempo para desayunar. Sentado en el metro, bastante más calmada la excitación de la noche anterior, pensó: "Hoy cuando termine de trabajar hablaré con Jesús, le diré que tengo que marcharme... Quizás sea algo precipitado y no puedan cubrir mi baja, esperaré mejor unos días... O quizás mejor será esperar hasta verano, entonces seguro que mi trabajo está terminado; así lo haré".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                                (para P. A.)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-1910600659988635108?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/01/maktub.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-3659910719660390078</guid><pubDate>Wed, 02 Jan 2008 10:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-02T15:46:55.145+01:00</atom:updated><title>Demencia</title><description>Había estado, durante toda la tarde, tomando aquella estupenda merienda al lado del antiguo molino propiedad de su familia junto a sus hermanos y algunos de sus primos: tostones de pan grueso, mojados en aceite hecho con las primeras aceitunas e impregnados de azúcar. Su tía y su madre eran las encargadas de hacer y repartir aquella dulce y abundante merienda. Al acabar acudirían todos a los rompedizos para ver saltar el agua, y jugar a lanzar piedras contra el agua, quien lanzara la piedra más lejos ganaba. Quién sabe... ¡quizás lograra atravesar todo el embalse con su lanzamiento! Pero tenía mucho sueño, eso seguro que empeoraría su lanzamiento...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien entró en la habitación, subió la persiana de un golpe y un disparo de luz densa y amarilla atravesó la habitación. Tenía hambre a pesar de haber merendado, quiso dar un salto de la cama y correr hasta el comedor pero no pudo. Su cuerpo era lento, pesado, torpe... no comprendía, quizas el sueño... Todo eso le provocaba una sensación extraña. Fue al baño y mientras se secaba las manos se miró al espejo: se reconocía, sabía a quien estaba mirando, pero no era él, era una persona mucho mas mayor, vieja. Pensó que seguía durmiendo, que aquello era parte de un sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¡Mamá, mamá!" gritó alegremente por el pasillo. En lugar de su madre encontró a una señora mayor, de una edad parecida a la de aquel hombre que había visto reflejado en el espejo y en que se había reconocido; pero no era él. Aquella señora a la que también reconocía, pero no era su madre, le hablaba con cariño, con paciencia, junto a ella otra mujer bastante más joven pero que se parecía bastante a la mujer mayor; y también, de alguna manera, a ese hombre que había visto en el espejo. No comprendía nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a preguntarse donde estaban sus hermanos, su madre... Después de merendar los tostones de pan, en los rompedizos, se habría quedado dormido, su madre lo habría llevado a casa. Y ahora, al despertar no era su casa, su madre no estaba, ni sus hermanos, su cuerpo era distinto... Una tremenda angustia se fue apoderando de él. Comenzó a llorar. Mientras aquellas dos mujeres con voz calmada y comprensiva le hablaban de esposas, hijos y personas que él desconocía, su corazón latía cada vez más fuerte oprimiendole el pecho, el aire parecía hacerse muy denso, dificultando en extremo la respiración. Nadie le explicaba nada, solo quería saber donde estaba su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras acceder a beber un vaso de leche que la mujer más joven había estado un rato moviendo empezó a sentir de nuevo un gran sopor. "Túmbate aquí mismo" fue lo ultimo que escuchó y cerro los ojos. Antes de rendirse a la profundidad oscura del sueño pensó: "todo ha sido un sueño, despertaré definitivamente y estaré en casa, junto a mi madre y mis hermanos a los que ayudaré a poner la mesa para la cena".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se despertó escuchó una voz joven y alegre "¿Abuelito ya estas despierto?", la reconoció al momento: era su Luisa. Ella se sentó junto a el, lo besó en la frente y dijo:&lt;br /&gt;"¡Venga abuelo que vamos a almorzar!"- dijo&lt;br /&gt;"Pero si he merendado hace un momento"-respondió todavía adormecido&lt;br /&gt;"!Imposible!"- dijo con tono vivo y algo desesperado - "Son las dos menos cuarto, así que ¡vamos despabilate!"&lt;br /&gt;"Esta bien Luisa"&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-3659910719660390078?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2008/01/demencia.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-7631862571928290474.post-5285356033849218280</guid><pubDate>Sun, 30 Dec 2007 18:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-30T20:48:37.658+01:00</atom:updated><title>Un héroe...</title><description>Hace ya unas semanas leí &lt;a href="http://www.clubcultura.com/clubliteratura/cercas/cercas01.htm"&gt;"Soldados de Salamina"&lt;/a&gt; de Javier Cercas, que se convirtiera en una de las novelas nacionales más vendida de los últimos años. No es mi intención comentar las características, ni el argumento de dicha obra, tan siquiera me atrevería a aventurarme en realizar una humilde crítica sobre ella. Baste con decir que se trata de una lectura que recomiendo (pese a haber visto la película antes, como fue mi caso) y a la que denominaría con el manido, pero útil en este caso, termino de "obra maestra".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo que realmente destacaría de la obra de &lt;a href="http://moscu.cervantes.es/Biblioteca/autores/cercas/cercas.htm"&gt;Javier Cercas&lt;/a&gt; es que, como los buenos libros, se hace grande, inmensa, tiempo después de haberla leído. Ocurre, de alguna manera, como con los buenos vinos, esos que mantienen su esencia durante unos segundos después de haberlos bebido. En mi caso hubo un pasaje del libro, quizás uno de los menos importantes para cualquier otra persona, que atrajo mi atención y que desde entonces no he dejado de pensar. Se trata de la figura del "héroe"; sí del héroe. ¿Qué es para ti un héroe?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice el personaje de Miralles, en "Soldados de Salamina", en un determinado momento: "&lt;em&gt;Los héroes solo son héroes cuando se mueren o los matan. [...] No hay héroes vivos. Todos están muertos. Muertos, muertos, muertos&lt;/em&gt;". Ahora podría darte multitud de definiciones de lo que es un héroe, encontradas en Google, reunidas con el mejor de mis criterios y remozadas para elaborar una bonita primera entrada en este blog. Pero... por qué no nos preguntamos ¿qué es para mí un héroe?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mis propias palabras quiero contarte a ti, que me estás leyendo, que yo he conocido a un héroe. O al menos lo que más se aproxima a un héroe. Porque para mí un héroe, dejando al margen mitología y literatura, es todo aquel que se enfrenta a su destino y que lucha contra lo que es más fuerte que uno mismo, sabiendo que a pesar de todos sus esfuerzos no lo acabará superando. Estos días estoy conociendo a un héroe; uno de 88 años que lucha contra un destino que cada día le come un paso de terreno, y le golpea en una parte de su cuerpo: hoy ha sido en los pulmones. Pero este héroe no se rinde; con una vitalidad irracional e ilógica se aferra a la vida sin que yo consiga entender por qué. Solo un héroe es capaz de soportar el sufrimiento sin ceder a lo que algún día será inevitable porque lo es para todo el mundo. Quizás como bien dice Miralles en "Soldados de Salamina", cuando muera se convertirá en un verdadero héroe y, como la sensación del buen libro o el buen vino, deje en todos nosotros la sensación de que vivimos durante muchos años, sin saberlo, al lado de un héroe.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7631862571928290474-5285356033849218280?l=pabloquieredecir.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pabloquieredecir.blogspot.com/2007/12/un-hroe.html</link><author>noreply@blogger.com (Pablo Sorzano Ruiz)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item></channel></rss>